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Opinión de Carlos Vignolo Fritz, Académico director Programa de Habilidades Directivas Departamento de Ingeniería Industrial Universidad de Chile
"Re-humanicemos a las empresas"
¡Buenas noticias nos llegan desde el mundo de las empresas y los negocios! Los investigadores del "management" nos anuncian un nuevo paradigma empresarial en que la calidad de las personas, las relaciones que establecen entre sí y los ambientes que generan, son los factores críticos del éxito y la permanencia en el tiempo de las empresas.

04 de julio de 2005

Estudios empíricos sobre "Empresas que perduran" y "Empresas que sobresalen" han llegado a la conclusión que, en contra de lo que la teoría económica y de administración han postulado, éstas no tienen como motor fundamental la "Maximización de Utilidades", sino la consecución de una Misión trascendente que genera Pasión en las personas que las integran. Por cierto, no es que estas empresas no deseen ni busquen las ganancias, sino que son condiciones necesarias del éxito del negocio, pero no son el corazón del mismo.

Sorpresas han generado estos estudios, también, respecto de las personas que ejercen roles de liderazgo en ellas, pues no encajan bien con el modelo del Súper Hombre o Súper Mujer que destaca por su ambición, su aguda visión, personalidad férrea, don de mando y otras características normalmente asignadas a los líderes. Más bien, se trata de personas que sobresalen por su autenticidad -que incluye una destacable capacidad de declarar que no saben cuando no saben-, su capacidad de facilitar el crecimiento de los otros y su compromiso con el proyecto institucional más que con su beneficio personal. Tienen poco afán de figuración y suelen ser, incluso, humildes.

Y lo que es más importante aún, especialmente para los millones y millones de trabajadores que pasan buena parte de sus vidas laborando en empresas y organizaciones: en las empresas que sobresalen y perduran las personas tienden a tener una calidad de vida mejor que en otras empresas. Participan más, se las considera más, se sienten mejor y, lo más importante, se perciben cumpliendo un rol trascendente.

¡Paradojas de la globalización! Los niveles de competencia a que ha llevado este proceso exigen a las empresas ser de mayor eficiencia, pero al mismo tiempo de mayor calidad y más capacidad de innovar. El modelo deshumanizante que caracterizó buena parte de la evolución del management en el Siglo XX pudo generar crecientes niveles de productividad y eficiencia, pero empezó a fallar en su capacidad para incrementar la calidad de sus productos y servicios y, al mismo tiempo, innovar cada vez más rápida y eficazmente. Los estudios empíricos iluminan las bases de ese fracaso. Es imposible lograr todos esos objetivos al mismo tiempo si las personas que conforman la empresa no viven bien, no sólo fuera, sino también dentro de la organización.

O las empresas son capaces de satisfacer necesidades no sólo pecuniarias de las personas que las conforman, o no serán capaces de competir y sobrevivir.

El principal adalid de esta propuesta rehumanizante de la gestión de empresas ha sido en los últimos años la propia Harvard Business Review, la revista más prestigiada del mundo en este ámbito, que leen cientos de miles de ejecutivos superiores y empresarios en todas partes del mundo. Y ha sido el mismísimo Peter Drucker, padre y abuelo del management, el que ha liderado esta reversión de la teoría y la práctica de la gestión. Su seminal artículo de 1999 "Gestionándose a sí- mismo" da la pauta de lo que serán los nuevos líderes de las empresas. La ecuación es antigua, pero frecuentemente olvidada: nadie puede cuidar a otros más que a sí mismo, nadie puede gestionar a otros mejor que a sí-mismo. Los nuevos líderes para las nuevas empresas son personas cuya principal misión es cuidar de otros, de los accionistas, de los clientes, de la comunidad. Y la única forma de hacerlo es cuidando de las personas que conforman la organización. Para ello es fundamental, sin embargo, saber en primer lugar cuidar de sí-mismo.

Es una buena noticia que estas tendencias rehumanizantes estén llegando a Chile. Ello queda en evidencia, por ejemplo, en el interés de las empresas por participar de los premios que otorga la Fundación Carlos Vial Espantoso y el Instituto Great Places to Work. Participar de estos concursos significa someterse a un escrutinio externo y, normalmente, devela un marcado interés por mejorar en este ámbito. También se refleja en el auge del paradigma de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE). En un seminario reciente sobre este tema, el presidente de Sofofa, Bruno Phillipi, afirmó: "La RSE proporciona un vehículo para ir formando una cultura de valores dentro de un grupo humano, que es la empresa".

El otrora frío e impersonal mundo de los negocios está evolucionando hacia organizaciones en que las personas no son ya más "recursos", sino que el alma misma de ellos. Buenas noticias para todos aquellos que sueñan con un mundo más humano. Y un buen ejemplo a seguir para todas las empresas chilenas.

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