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¿Innovar o conformarse?
Recientemente un organismo internacional especializado en proyecciones y análisis económico alertó sobre algunas debilidades que presenta la economía chilena, las que se deberán corregir si se pretende seguir por una senda de crecimiento y desarrollo sostenido. Por lo demás, se trata de un objetivo a lograr de cara al Bicentenario de la Independencia.

15 de abril de 2005
Fuente: El Sur de Concepción
Por: Juan Saavedra González

La situación antes descrita tiene relación con el insuficiente nivel de variación en los grados de innovación de los procesos productivos de las empresas y, por lo tanto, en los productos, bienes y servicios que determinan su oferta y que por agregación constituyen la producción de la economía.

Al examinar los logros de una serie de economías emergentes, comprobados por las altas tasas relativas de crecimiento sostenido en largos ciclos, se concluye que uno de los principales factores que están presentes en todas estas naciones tienen relación con el alto nivel de innovación en las respectivas tecnologías aplicadas en sus procesos productivos. Así puede verificarse, por ejemplo, en países como Taiwán, Corea del Sur, Nueva Zelanda, etc.

Se puede agregar, además, que el éxito de estos países se obtuvo en un período relativamente corto, como lo demuestran logros conseguidos en no más de tres a cuatro décadas, habiéndose iniciado aquellos procesos en etapas similares a las experimentadas por la economía chilena. Sin embargo, los resultados en este lapso han sido muy superiores a los de Chile, a pesar del significativo avance del país.

Cuestión de valor agregado

La situación anterior tiene una expresión clara cuando se analizan las metas alcanzadas por nuestras exportaciones, que han constituido récord en los dos últimos años. Sin embargo, si se observa el tipo o naturaleza de los productos o bienes exportados, éstos siguen estando relacionados directamente con "commodities" provenientes de recursos naturales, y que constituyen una gran proporción de su valor. Esta situación ya ha sido superada por los países que pertenecen a aquellas economías emergentes, siendo el centro del camino seguido la inversión en recursos sustanciales de desarrollo tecnológico, con impacto en la innovación de procesos y de productos.

Otro tema central es el de los esfuerzos que cada país realiza en investigación y desarrollo. Las naciones exitosas en materia de innovación productiva, aquellas de mediano a mayor grado de industrialización, destinan a este ítem una cantidad de recursos financieros significativamente superior respecto de las naciones que no logran tener éxito relativo, y no han despegado, de manera relevante, en innovación y desarrollo tecnológico. De esta manera, las naciones desarrolladas plasman su éxito en la innovación permanente de procesos productivos, logrando mejores resultados en su posterior oferta, tanto en el mercado doméstico como en el internacional.

Otra forma de comprobar este tipo de avance se relaciona con la diferencia de valor agregado que se produce a favor de los productos ofrecidos que tienen mayores grados de innovación, tanto en su fase productiva como en su expresión final que llega a manos del consumidor.

Invertir en resultados

Chile no avanza a la velocidad deseada, dado que el esfuerzo en los niveles de inversión destinados a innovación tecnológica -y que se orientan a desarrollar una serie de nuevos procesos y productos- no se manifiesta claramente en la obtención de una oferta diferenciada de productos con mayor valor agregado, entre otros mercados, en el internacional. Esto último se puede transformar en un verdadero "Talón de Aquiles" de nuestra economía, como hace tiempo lo vienen planteando instituciones académicas especializadas nacionales e internacionales, poniendo una voz de alerta en las proyecciones de Chile a largo plazo.

En países como el nuestro es importante estar atento a los resultados de los esfuerzos en investigación y desarrollo, como también a su impacto en la innovación de procesos productivos y en la tecnología, dado que no siempre existe una alta correlación entre los recursos invertidos y los resultados. Así debería comprobarse, por ejemplo, en el número de nuevas patentes o procesos y productos surgidos de investigaciones o provenientes de inversiones en proyectos concretos, destinados a este fin.

Juan Saavedra González
Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas
Universidad de Concepción

Sala de Diálogo

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