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Premio Nacional de Ciencias Naturales 2004
Faltan otras miradas para lograr entender cómo opera el cerebro
Pedro Labarca cree que basta ahondar más en el legado chileno para ser capaces de hallar lo fundamental del sistema nervioso, guardado en un insecto o chimpancé.

06 de septiembre de 2004
Fuente: El Mercurio
Por: Lilian Duery


Pedro Labarca no es el típico niño que deseaba ser científico. Soñaba con ser poeta. Pero hoy es Premio Nacional de Ciencias Naturales 2004. Y más que festejar, sólo quiere regresar a trabajar a su laboratorio en el Centro de Estudios Científicos de Valdivia.

Por curioso azar, ingresó a la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile. Allí nació el investigador. Allí conoció a Humberto Maturana y a Francisco Varela, dos biólogos que le enseñaron una nueva teoría del conocimiento; un nuevo mirar a los seres vivos, un background que lo acompañó por siempre y que él toma como un precioso legado original de la ciencia chilena.

Aprendió que, cuando se estudia a un ser vivo, no se puede separar a éste de su medio ambiente. Y este mismo constante interactuar se observa en el sistema nervioso, el blanco de ataque diario de este neurobiólogo, que intenta entender su complejidad.

Su "libro abierto" es la mosca del vinagre, la Drosophila melanogaster, con sus miles de neuronas en su pequeño cerebro. Con este insecto, está empeñado es averiguar sobre el aprendizaje y la memoria. Y ha avanzado.

Un tipo audaz

Pedro Labarca, 54 años, casado, tiene sólo una hija, Agustina, pero "que vale por diez". Vive con un poco de "neura" para alcanzar a saber más, pero luego se reprime, porque le gusta hacer todo con sumo cuidado. Si se introduce en un problema, trata de resolverlo en su integridad.

"Por eso soy lento para publicar. Es más riesgoso. Como intento ser muy preciso, el error puede ser más grande. Hasta ahora no ha pasado. Entonces soy más audaz", declara satisfecho y con humor.

-¿Usted empezó como biofísico en los Estados Unidos?

Exacto. Mi ambición fue estudiar el cerebro con un componente más cuantitativo a través del modelamiento matemático, lo que me enseñaron Mario Luxoro y Osvaldo Álvarez.

Cuando llegué a Boston, hice contribuciones en el transporte de las células epiteliales. Era como investigar el traslado de piedras en un camión. Descubrí que estas células hacían trampa. Cuando iban cuesta arriba, llevaban menor cargamento y cambiaban sus parámetros internos, de modo que les costaba lo mismo hacer la tarea cuesta abajo.

Después, en mi doctorado y posdoctorado hice estudios importantes sobre la actividad eléctrica del cerebro. No existían herramientas moleculares. Purificaba pedazos de membranas y luego me las arreglaba para insertarlas en otras artificiales.

Pedro Labarca siente que le dieron un premio para comenzar algo más grande y, con este ánimo, se levantará todos los días para trabajar con sus moscas, compañeras de laboratorio.



Pero considero que mi trabajo científico más importante lo hice en Chile, con la mosca de la fruta. Pero siento como si estuviera recién empezando. La diferencia es que ahora sé muy bien lo que hay que hacer. Y es mucho.

-Mario Luxoro ahora reclama que usted no aportó a la institucionalidad de la ciencia chilena y que, por tanto, no merece el premio. ¿Qué dice a esto?

Tengo un respeto muy grande por él. Es uno de mis maestros. Es el gran jefe de la tribu. Por lo tanto, como discípulo me corresponde morderme la lengua, agachar la cabeza y quedarme callado. Por eso no tengo el más mínimo interés en desbaratar su posición. Es cierto. Había muy buenos postulantes.

Acoplar y rearmar

-¿Usted focaliza su estudio en las sinapsis de las neuronas, en cómo éstas conversan y se ajustan a señales del ambiente?

Sí. Nuestro cerebro cambia cuando modificamos la conducta. Ésta es el correlato entre la experiencia y el operar del cerebro. Cuando esa correspondencia nace, hablamos de aprendizaje. Pero todo ello no se reduce a unos pocos genes o proteínas.

Creo que no sirve hacer una mirada reduccionista. Sabemos que no se puede desarmar en pedacitos el sistema para purificar la molécula de la memoria. Pero ayuda identificar los mecanismos y mirar las cosas con cierta ingenuidad para luego reconstruir modelos que reproduzcan los fenómenos.

-¿Y eso estudia con las moscasque usted cultiva?

-Pienso que, en lo fundamental, todos los seres vivos operan conforme a los mismos principios. Lo fundamental se puede descubrir en una ameba, una mosca o un chimpancé.

La mosca también es una mina de oro. Aprenden, memorizan y hay muchas mutantes neurológicas. Se pueden manipular genéticamente para modificar estructuras particulares de sus cerebros que producen alteraciones conductuales y estudiar los mecanismos fisiológicos asociados a estos cambios.

-¿Y qué ha obtenido?

Lo espectacular es que no existen genes específicos para estas conductas. Me di cuenta de que el eslabón perdido entre la genética y la conducta es la fisiología. Es decir, la forma en que las neuronas cambian con la experiencia, en cómo están acopladas al medio que las rodea.

-¿Es la plasticidad cerebral?

Sí. Es impresionante. No todas las neuronas son iguales. Los genes que expresan, en sus detalles, son diferentes. El lugar donde se inicia esta plasticidad se llama sinapsis, que es el sitio de contacto entre las neuronas. La actividad de las neuronas modifica este sitio de diálogo. En esto concentro mis esfuerzos.

El cerebro se construye con la experiencia. Pero hay que saber cuáles son los mecanismos que producen esos cambios. Nosotros podemos manipular sinapsis y producir distintas formas de plasticidad sólo variando los factores externos.

-¿O al revés?

Sí, es así. Cuando uno ve un cuadro de Rembrandt y lo compara con uno de Van Gogh, uno se da cuenta de que dos personas, con el mismo cerebro, ven el mundo de dos maneras distintas.

-Qué prevé para el futuro de la neurobiología

Creo que ayudará a aliviar las principales enfermedades neurológicas que nos afligen. Ahora hay farmacología, pero la comprensión de estas patologías y, por tanto su tratamiento, dista mucho de ser completo.

-¿Qué falta?

Tenemos montones de herramientas. Tenemos que mirar las cosas de manera distinta; dar una mirada más integrativa, como la de nuestros cultores de la ciencia chilena. El cerebro tiene varias dimensiones. Tenemos que trabajar en todas ellas con creatividad. Quizás las miradas nuevas que inventemos van a estar equivocadas, pero eso lleva a otras miradas. Y si las muestras, cambiará la mirada de otros.

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