Entrevista realizada por la periodista del diario El Mercurio María Cristina Silva Méndez.
Visionarios. Adelantados. Audaces. Estos adjetivos califican a Alfredo y a José Miguel Piquer, una dupla de ingenieros que decidió dedicar su vida profesional a la computación muchísimo antes de que ésta fuera considerada una disciplina en sí misma, y cuando los hoy indispensables computadores eran un lujo para grandes organizaciones.
Su decisión fue un acierto. Alfredo (50 años) es socio y presidente de Optimisa, empresa que se dedica a diseñar y a ejecutar proyectos de informática tan exitosos como el que permite pagar los impuestos a través del sitio del SII.
Su hermano José Miguel (de 40 años) es el director del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Chile y trabaja en NIC Chile, entidad que administra los nombres de dominios ".cl", que corresponden a la identificación de Chile en internet.
Ambos coincidieron en sus primeros pasos: estudiaron ingeniería en la U. de Chile, sacaron su magíster y doctorado en computación y trabajaron en el Departamento de Ciencias de la Computación (DCC) de la Casa de Bello.
Hijos del empresario Helios Piquer - socio fundador de la constructora Delta- , junto a su hermana Carmen crecieron en un ambiente de respeto y exigencia.
"Nuestra casa era bien austera. Cuando éramos chicos y mi papá tenía una buena situación económica, igual había sólo una bicicleta para nosotros tres, porque una para cada uno era un despilfarro", cuenta José Miguel.
Por los diez años que los separan, los hermanos se "encontraron" verdaderamente de mayores, cuando coincidieron en el DCC, Alfredo como docente y José Miguel como alumno.
Entonces, Alfredo fue el profesor guía de la tesis de José Miguel. "Ninguno se complicó. Y de hecho lo hicimos bien", cuentan.
Alfredo Piquer es curioso, no se queda tranquilo hasta que sabe cómo funcionan las cosas. También es perseverante, tanto que dice que "llega a ser idiota" de tanto insistir.
Estos rasgos influyeron en que el '71, cuando en Chile había sólo tres computadores "modernos", Piquer ya estaba trabajando de programador en el ejemplar de la U. de Chile.
Pese a que ese computador podía hacer pocas cosas, numerosas empresas lo arrendaban para acceder a la información que manejaba. Así, para él - entonces un estudiante de tercer año de ingeniería matemática que trabajaba en jornada parcial en el centro de computación de la universidad- era un privilegio trabajar con esa máquina.
El '75, cuando Piquer estaba terminando su carrera, fue invitado a participar de la fundación del Departamento de Ciencias de la Computación (DCC) de la Chile, del cual dependen la carrera de ingeniería en computación, el magíster en dicha disciplina y NIC Chile.
Tras sacar su magíster y su doctorado en computación en la Universidad de Waterloo, en Canadá, Alfredo volvió a Chile el '82 a trabajar a la U. de Chile. Estuvo en el DCC, fue director del centro de computación y director económico de la Facultad de Ingeniería.
En este último cargo no duró mucho, porque partió a crear su propia empresa.
En un encuentro interuniversitario de computación en 1985, Alfredo Piquer comentó con Fernando Prieto, entonces representante de ventas de IBM, que faltaban empresas de software en Chile. Detectaron un espacio libre.
En 1986 fundaron juntos Optimisa, empresa que se dedica a la integración de sistemas. "Esto quiere decir que tomamos un problema del cliente y se lo resolvemos integralmente. Si se requiere, instalamos hardware y softwares; los desarrollamos, conectamos, probamos que todo funcione y aseguramos que el resultado sea útil para el cliente", explica el empresario.
Dentro de ese marco, Optimisa se ha especializado en sistemas críticos, es decir, aquellos cuyas fallas de operación son muy graves para el cliente. "Por ejemplo, uno de nuestros clientes más famosos es el SII. No podemos echar a andar un sitio web en el cual se van a perder declaraciones de renta", explica. Otro caso emblemático es Redbank (en sus sistemas centrales de autorización de la red).
Hoy Piquer es el presidente de la compañía, y antes se desempeñó como gerente general. Cuentan que tiene grandes facilidades para el trabajo en equipo, y que le gusta contar con mujeres en los grupos de trabajo.
"Tienen la capacidad de mirar simultáneamente todos los ángulos de una situación y reaccionar rápido. Son especialmente necesarias en el mundo moderno", comenta él.
| José Miguel Piquer Gardner |  | |
(emol.com) |
Además de entretenerse armando y desarmando computadores (permanentemente carga softwares al de la casa), el empresario goza tocando violín, especialmente música barroca. También disfruta yendo al cine y de compras con su mujer, Trinidad Alliende, y sus ocho hijos.
Más informal y - según él- no tan trabajador como su hermano, José Miguel Piquer es uno de los hombres claves en el desarrollo de internet en Chile.
Sus dotes de buen conversador lo hacen una persona entretenida, aunque él asegura que peca de demasiado intelectual. "En las típicas fiestas de más joven, en vez de bailar yo sacaba a la gente a conversar afuera. Creo que me falta ser más tropical", comenta.
Cuenta que cuando entró a estudiar ingeniería civil a la U. de Chile, su hermano le recomendó tomar un ramo de computación que dictaba el profesor Juan Álvarez.
Ese curso le cambió la vida: Le encantó programar, dar instrucciones a una "cosa rara" que ejecutaba exactamente lo que le decían.
José Miguel recuerda una anécdota: "Escribí un programa para jugar al gato. Una vez jugué mal para ver si el programa descubría que me podía ganar y, para mi sorpresa, el programa dejó de jugar y me dijo ya te gané. El fresco no siguió jugando, como diciéndome para qué vamos a seguir si ya te gané. Yo nunca había pensado que iba a pasar eso". Confiesa que tuvo la sensación de que el programa era más inteligente que él.
Durante su paso por la universidad, José Miguel dividió su tiempo entre el estudio y la política. Como independiente apoyado por el PS fue presidente del CCAA de Computación.
Tras titularse, el académico partió en 1987 a doctorarse en computación a la Escuela Politécnica de París. Allí estuvo cuatro años junto a su mujer Patricia Franco (con quien se casó a los 20 años) y su hija mayor, Beatriz.
Lo que precipitó su regreso a Chile en 1991 fue que su mujer quedó esperando trillizos. "Los médicos en París planteaban que había que eliminar a uno y miraban a mi señora como si tuviera una enfermedad atroz. Cuando llamamos a nuestro médico en Chile, lo primero que hizo fue felicitarnos y decirnos que nos viniéramos para que él atendiera el parto".
Poco después estaba en Chile con tres hijos más y un trabajo nuevo: académico del DCC. Su desafío fue contribuir a convertirlo en un centro destacado dentro de la región y hoy, como director del departamento, cuenta con orgullo que la meta se alcanzó.
Antes de partir a doctorarse participó en la construcción de una red de comunicaciones para el intercambio de emails entre la U. de Chile, la U. Católica y la USACh.
Pero la iniciativa que más lo enorgullece es haber comenzado con la administración de los nombres de dominio ".cl".
"Hacia 1986 quisimos intercambiar emails con EE.UU. Los americanos estaban pasando a la notación de dominio tipo internet, y nos dijeron que para inscribir nuestras direcciones necesitábamos un dominio de país. El asignado a Chile era ".cl", y si queríamos usarlo teníamos que administrarlo nosotros mismos. Aceptamos", cuenta.
Fue así como nació NIC Chile. Para este año, José Miguel espera dejar su cargo de director del DCC y poder destinarle más tiempo a la parte técnica de NIC Chile.
A su vez, va a trabajar junto a su colega Ricardo Baeza-Yates en el Proyecto Milenio que ganaron para investigar acerca del manejo de búsqueda de información en la web.
El "Jo" asegura que él es un trabajólico que ha logrado ser "frenado" por su familia: "Trato de llegar temprano a mi casa para estar con mi señora y mis seis hijos. El problema es que ahora, con la posibilidad de revisar los emails desde la casa, uno no termina nunca. Voy a tener que terminar con eso".
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