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Científicos usan bacterias para apoyar acuicultura
Con financiamiento de Innova Bío Bío, se generará un producto orgánico, denominado probiótico, que reemplazará a los antibióticos y disminuirá la tasa de mortalidad de las truchas.

25 de mayo de 2004
Fuente: El Sur
Por Roberto Fernández Ruiz


En una experiencia pionera en el mundo, un equipo multidisciplinario de la Universidad de Concepción trabaja en la fabricación de medicamentos llamados "probióticos" a partir de bacterias "buenas", denominadas lactobacilos, que reemplacen a los antibióticos usados en truchas arcoiris.

El proyecto "Aplicaciones biotecnológicas para el diseño de probióticos que favorezcan el control biológico en la acuicultura", comenzó a ejecutarse en marzo gracias al cofinanciamiento de Innova Bío Bío, que aportó 167 de los 370 millones de pesos que cuesta en total.

El equipo de 12 personas es encabezado por Erica Castro Inostroza, matrona experta en microbiología de la Facultad de Medicina y por Rodrigo Bórquez Yáñez, director del departamento de Ingeniería Civil Química. Junto a ellos trabajan biólogos marinos, ingenieros químicos, bioquímicos y biólogos, quienes ya tienen la experiencia de un proyecto anterior financiado por el Fondef (mayo de 2002), en que aislaron lactobacilos tomados de vaginas humanas para mejorar las defensas de las mujeres frente a elementos patógenos responsables de enfermedades de transmisión sexual.

La trucha arcoiris es una industria emergente de la Región del Biobío, donde Chile es el principal exportador en el mundo. Su producción se centra en los valles cordilleranos del Laja y del Ñuble.

Lo que buscan los investigadores es aislar en el laboratorio lactobacilos presentes en el sistema digestivo de estos peces, que tengan propiedades útiles, como la capacidad de combatir determinados elementos patógenos (hongos, virus, bacterias).

Una vez elegidos por sus competencias, estos microorganismos son cultivados y multiplicados en un reactor, de manera de obtener suficientes para la experimentación y a futuro, para su comercialización a nivel industrial.

Del reactor se obtiene un líquido con millones de lactobacilos, los que son implantados en el sistema digestivo de las truchas para reforzar las defensas y evitar así numerosas infecciones, que incluso pueden traspasarse a los humanos. De esta manera se puede sustituir el uso de antibióticos, cuya aplicación genera resistencia bacteriana y es de alto costo.

Según Erica Castro, este último punto es de vital importancia, ya que en la Unión Europea se están prefiriendo los alimentos 100% orgánicos, es decir, que no han sufrido intervención química -como la generada por los antibióticos-, y en 5 años más se prohibirá su ingreso.

Por lo anterior es que las proyecciones de esta innovación tecnológica son inmensas, no sólo para la industria de la trucha, sino que para el salmón también, ambas especies de la misma familia.

Innovación pionera en el mundo

El ingeniero Rodrigo Bórquez enumeró las características innovadoras de esta investigación y destacó en primer lugar el carácter multidisciplinario de su equipo de trabajo. La combinación de biólogos con ingenieros ha permitido superar la etapa de la investigación para llegar al desarrollo de un soporte adecuado que permita industrializar la producción de probióticos. Recordó que muchos proyectos fracasan porque los lactobacilos mueren antes de su aplicación debido a que el soporte escogido falló.

Un segundo punto novedoso es que los lactobacilos son autóctonos, es decir, no se adquirieron a un laboratorio extranjero que comercializa bacterias de especies exógenas. En este proyecto, los lactobacilos provienen de truchas chilenas, específicamente de pisciculturas de la precordillera de la Región del Biobío, hecho que facilita la aplicación y adaptación de los probióticos en los organismos. Esto tiene además, la ventaja de no depender de proveedores externos.

Bórquez subrayó el hecho de que esta investigación es la primera en el mundo que logra aislar lactobacilos de trucha arcoiris.
Otra innovación está asociada al medio de cultivo, que se define como los nutrientes que necesita la bacteria para crecer y multiplicarse, como proteínas y carbohidratos. "Hemos desarrollado nuestros propios medios de cultivo, a partir de materiales de desecho de la industria lechera (derivados de suero de queso). Estos son mejores que los comerciales y cuestan diez veces menos", añadió Bórquez.

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