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Por Mario Waissbluth
La brutal verdad de la educación
Los expertos han comenzado a develar la verdad. Brunner dice que hay una falla en la formación de los profesores, y que lo que ocurre desde el día del nacimiento hasta los 5 años es decisivo. El Ministro Bitar dice que hay profesores que no saben resolver fracciones.

Los mejores alumnos de los mejores colegios de Chile, cuyo costo es superior a 200 mil pesos mensuales, sólo obtienen resultados equivalentes al promedio de alumnos de países avanzados. Según el SIALS, asombroso, sólo 8% de los chilenos con educación superior terminada comprenden completamente lo que leen y resuelven problemas aritméticos sencillos. Imagínese dónde caen los profesores, que no fueron precisamente los máximos puntajes en la PAA en su momento. La verdad es que, durante décadas, buena parte de quienes ingresaron a estudiar pedagogía, salvo honrosas excepciones vocacionales, lo hicieron porque el puntaje no les daba para otra carrera.

Digo esto con gran respeto, por personas que merecen nuestro aprecio por su esfuerzo educador de una vida, pero que forman parte de la tragedia educativa de Chile y la hipoteca de nuestro futuro: un porcentaje significativo de los profesores, dado su origen formativo, no tienen arreglo, ni habrá programa de capacitación que lo resuelva. Tampoco habrá contenidos mínimos, libros de texto, computadores o extensiones de jornada que lo arreglen. Y sin resolver eso la educación no va a mejorar.

Aquellos libremercadistas que opinan que no hay que gastar más plata, sino privatizar la educación y modernizar su gestión, me gustaría que me explicaran cómo, si una familia promedio en Chile gana 200 o 300 mil pesos mensuales, por dónde diablos, siendo más "eficientes", vamos a poderle dar a un par de sus hijos una educación medianamente aceptable como la que ofrecen los colegios privados de Chile. Señores, no se hagan los cuchos, por favor.

Mario Waissbluth es empresario. mwaissbluth@igt.cl

Arreglar esto va a tomar más diez años, un programa masivo de becas para que estudiantes con buenas calificaciones en la PSU ingresen a pedagogía, una mejora salarial gradual pero radical a los profesores que vayan ingresando al sistema, un "servicio país" para que otros profesionales colaboren con la educación, la acreditación nacional de profesores, y un retiro digno para aquellos que no tuvieron la oportunidad de acceder a una educación que les hubiera permitido ser a su vez buenos profesores. Esto va a costar más de 10 billones de dólares a lo largo de una década. ¿Cuándo comenzamos?

El vilipendiado gasto público chileno es 22% del PIB, y el 20% más rico de la población acumula el 61% del ingreso nacional. El gasto en USA, capital del libremercadismo, es 33% del PIB, y los más ricos acumulan el 45% del ingreso. El gasto de Europa es el 45% del PIB, y el 20% más rico de la población acumula el 38% del ingreso. Si el modelo americano es la ley de la selva, el modelo chileno es la ley de la selva ... pero con caníbales. En mi modesta opinión, el crecimiento estable y sostenido de Chile NO se debe a nuestro estilo "extra-americanista" y socialmente asalvajado, sino más bien a que hemos sido los "muchachitos serios del barrio" que han hecho razonablemente sus tareas en materia de corrupción, equilibrios macroeconómicos, cultura de cumplimiento de compromisos, etc.

En suma, aunque me llueva ácido de parte de profesores y empresarios, esta tragedia no se resuelve sin elevar el gasto público, ya no digamos a los niveles europeos, sino un modesto par de puntitos, tímidamente más cerca de Estados Unidos (33%) o del capitalista Japón (27%, con fuerzas armadas mínimas). Sino, las cuentas no calzan por más aspirinas que usemos. También se requerirá un compromiso digno y de largo plazo con el gremio de los profesores.

Yo estaré feliz de pagar más impuestos personales con tal de resolver estas lacras en un programa a 10 años, para formar buenos profesores, institutos pedagógicos de clase mundial, recursos adecuados de gasto corriente, un retiro digno para muchos; pero..... en escuelas que, contando con financiamiento público, sean autogestionadas, responsables por sus resultados, con profesionales y directores acreditados nacionalmente y elegidos por concurso, removibles si su evaluación de desempeño es negativa, y con usuarios que puedan llevarse su bono de educación a otra parte si la calidad de la escuela es mala. Si es así, me da igual que sean escuelas públicas, privadas u ONGs. Pero no me parecería correcto si esos recursos adicionales quedaran atrapados por gremios que resisten todo intento de evaluación, y que rechazan toda innovación en la gestión del sistema. No me parecería aceptable el modelo que han seguido otros países como Brasil, con un gasto público astronómico, capturado casi en su totalidad por grupos de intereses creados, con una inequidad que nunca mejora, compartiendo este dudoso sitial con Chile.

Menos cacareo vacío, y metámonos la mano al bolsillo. El resto es música.

Sala de Diálogo

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