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Por Germán Echecopar y Scott Tiffin
Brecha peligrosa
Estudios como el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), muestran que la actividad emprendedora ya es fuerte en la región. Sin embargo, a diferencia de los países más avanzados, gran parte de ésta se centra en productos y servicios tradicionales, y no en aquellos que requieren un uso intensivo de conocimiento. Un estudio del BID muestra que si bien las compañías latinoamericanas están avanzando en estas áreas, aún están muy lejos de las asiáticas.

21 de octubre de 2003
Fuente: América Economía

Continuamente escuchamos hablar sobre la importancia del conocimiento para la competitividad de los negocios y el crecimiento de la economía. Es cierto que la industria del conocimiento ha tenido sus altibajos, como lo evidencia el desplome tecnológico en la bolsa, pero la tendencia de largo plazo es inevitable. Durante el siglo pasado, en los países industrializados el empleo en la agricultura bajó desde aproximadamente 40% de la fuerza laboral a cerca de un 2%. El empleo industrial creció lentamente hasta cerca del 40% en 1950, cuando comenzó una larga declinación llegando actualmente a un 25%. El sector de servicios creció rápidamente, alcanzando un máximo de un 45% de los trabajadores en los años 80, y desde entonces también ha comenzado a caer. En este período, una nueva clase de trabajadores del conocimiento ha aparecido, creciendo sostenidamente por sobre el 40% de la fuerza laboral y todavía en aumento. El conocimiento es ahora la base de la riqueza y el poder.

El conocimiento en los negocios se enfoca en generar innovaciones con alto potencial de crear valor a empresas y clientes. Este potencial se convierte en realidad a través del emprendimiento. América Latina está empezando a avanzar en estas áreas. En casi todos los países de la región, los gobiernos y las universidades están buscando apoyar la investigación y desarrollo (I+D), la creación de negocios y el entrenamiento de emprendedores. Estudios como el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), muestran que la actividad emprendedora ya es fuerte en la región. Sin embargo, a diferencia de los países más avanzados, gran parte de ésta se centra en productos y servicios tradicionales, y no en aquellos que requieren un uso intensivo de conocimiento. Un estudio del BID muestra que si bien las compañías latinoamericanas están avanzando en estas áreas, aún están muy lejos de las asiáticas.

Director Centro de Entrepreneurship,Escuela de Negocios,Universidad Adolfo Ibáñez, Chile.

Esto es preocupante porque si nuestras empresas no se involucran en las áreas con mayor potencial de creación de valor, nuestros países tendrán menos oportunidades de alcanzar altas tasas de crecimiento. Algunas de las razones que explican esta situación son conocidas, como el bajo gasto de los países latinoamericanos en I+D. Varios gobiernos están aumentando su inversión en investigación, pero las compañías aún gastan mucho menos que sus contrapartes en los países desarrollados. Esto limita la generación de innovación. Hay otros problemas, como el bajo desarrollo de mercados financieros y la escasez de capital de riesgo, pero hay una causa que ha recibido muy poca atención: la baja producción de investigación en negocios y la gran brecha existente entre investigadores y empresas.

Hay poca investigación local en innovación y emprendimiento. La mayoría de nuestro conocimiento en esta área proviene de países desarrollados, especialmente de Estados Unidos, una enorme economía con un sistema social de negocios muy distinto. Dependemos del conocimiento importado para entender qué está pasando en nuestros países y no sabemos cuáles son las limitaciones para aplicar este conocimiento. Esto afecta directamente la calidad de la enseñanza y la consultoría en empresas.

Para explicar por qué se está desarrollando tan poca investigación en emprendimiento e innovación debemos entender que la creación y uso de conocimiento, como en cualquier industria, depende de que el producto genere valor a productores y usuarios. Usualmente, el conocimiento sobre negocios es producido por académicos que analizan bases de datos para generar o corroborar teorías y mostrar tendencias; o hacen estudios con empresas y generalizan sus hallazgos. Estos resultados deberían mejorar las decisiones de las empresas y la calidad de la enseñanza.

En la mayoría de las universidades, por un sesgo proveniente de las ciencias naturales, se crean incentivos para investigación basada principalmente en el análisis de bases de datos y la inferencia estadística, lejos de inferencias basadas en estudios de casos. Este sesgo limita el valor del conocimiento para las empresas innovadoras. Grandes bases de datos pueden mostrar tendencias promedio a partir de información del pasado, pero no permiten descubrir nuevas ideas para crear o sostener ventajas competitivas en un ambiente de constante cambio. Esto podría explicar por qué las empresas líderes se vuelcan más a las consultoras que a las universidades en su búsqueda de nuevas propuestas. Además, en América Latina el análisis de bases de datos tiene una importancia limitada ya que la información no alcanza el nivel de profundidad, validez y comparabilidad de los países desarrollados. Por estas dos limitaciones del uso de bases de datos, la generación de conocimiento útil para las empresas latinoamericanas dependerá principalmente de que estas realicen más consultoría y proyectos de investigación privados y de la contribución intelectual que hagan los investigadores a partir de estas experiencias.

En América Latina las empresas contratan consultores de manera menos frecuente que en los países desarrollados, pocas veces contratan a académicos como consultores y casi nunca para estudiar áreas como emprendimiento e innovación. Como las empresas latinoamericanas no están basadas en conocimiento y se concentran en sus negocios actuales, le asignan bajo valor a las investigaciones sobre innovación y emprendimiento. Sin embargo, el beneficio es alto si se considera el impacto de largo plazo para cada empresa y el impacto que cada investigación genera en el total de empresas. Pero pocas empresas financian investigaciones con beneficios de largo plazo y no les interesa que sean útiles a otras empresas. Se produce entonces poco conocimiento financiado por empresas, pero además, dado que los académicos tienden a difundir sus hallazgos a través de publicaciones y la enseñanza, el bajo uso de académicos reduce la difusión del conocimiento producido.

Director Relaciones Internacionales e Investigación, Escuela de Negocios Universidad Adolfo Ibáñez, Chile.

Alternativamente los académicos podrían recurrir a fondos públicos, pero estos usualmente tienen el sesgo científico y no financian generalizaciones a partir de estudios de casos. Así, los académicos tienen pocos fondos para realizar investigaciones en estas áreas y no siempre cuentan con los estímulos internos en sus universidades para crear conocimiento relevante para el mundo de los negocios.

Los académicos también están motivados a investigar para mejorar su enseñanza. Pero la demanda de conocimiento relevante para las empresas depende de la experiencia de los alumnos, que es pequeña o nula en pregrado. Por esto, las universidades con programas de educación ejecutiva tienen un mayor incentivo a desarrollar investigación útil para las empresas. Los profesores están obligados a entregar conocimientos relevantes cada día. Si las empresas no contratan cursos con las escuelas de negocios, este incentivo es débil. En países como EEUU, la educación ejecutiva genera una gran parte de los ingresos de las escuelas de negocios.

Como en América Latina muchas universidades no crean incentivos para investigación relevante y las empresas y el estado no lo financian, las empresas no se benefician del mejor conocimiento posible para ser más competitivas. No es de sorprender entonces que revistas como Harvard Business Review en español tengan dificultades para generar contenido local. En la medida que el conocimiento se vuelva cada vez más importante para competir, los negocios latinoamericanos se encontrarán en creciente desventaja. Universidades, gobiernos, individuos y empresas tienen la responsabilidad de cambiar esto.

Las escuelas de negocios necesitan poner más énfasis en el diseño de incentivos para la investigación aplicada y en la creación de infraestructura para la investigación, como programas de formación de Ph.D. Esta infraestructura es costosa, pero las escuelas pueden cooperar y compartir sus recursos de investigación dentro de consorcios internacionales. Desafortunadamente, las escuelas tienden a verse entre ellas como competidores para un mercado limitado de enseñanza. Sin embargo, bien estructuradas, estas alianzas estratégicas son un esquema en el que todos ganan: escuelas, estudiantes y empresas.

El financiamiento gubernamental para I+D en Latinoamérica es aún escaso; apenas representa la décima parte -como porcentaje del PIB- de lo que invierten los países avanzados. De esto, muy poco se destina a investigación en negocios. Los gobiernos financian ciencia dura e I+D en ingeniería, pero parecen mucho menos interesadas en cómo convertir esta investigación en productos y servicios que creen valor. Para generar conocimiento relevante en negocios, se pueden diseñar estímulos tributarios para que las empresas financien programas de investigación en universidades. Los incentivos tienen que ser estructurados cuidadosamente: en Chile existe un generoso sistema de crédito tributario a la investigación, pero las empresas todavía lo utilizan poco. En parte, esto se debe a que esas donaciones de "propósito general" no pueden ser usadas para proporcionar conocimiento específico para el donante. Debe pensarse en alternativas que generen mayor valor al donante.

En las economías más desarrolladas, empresas e individuos contribuyen a la investigación financiando cátedras universitarias y patrocinando conferencias de investigación. Por ejemplo, en el campo del emprendimiento en EEUU, la Fundación Kaufmann ha jugado un rol primordial en el financiamiento de proyectos y el impacto de esta investigación es ampliamente reconocido. En América Latina esto es casi inexistente.

La falta de investigación limita nuestra comprensión sobre cómo promover la innovación y el emprendimiento en América Latina y coloca a nuestras empresas en una gran desventaja frente a la competencia internacional, haciendo más difícil el crecimiento de nuestros países. A medida que entramos en la sociedad global del conocimiento, las compañías de la región deben tomar la iniciativa y comprometerse con las universidades para crear los consorcios de conocimiento que las harán internacionalmente competitivas.

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