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Alvaro Díaz
Chile tras la segunda revolución tecnológica
La biotecnología está llamada a convertirse en una herramienta decisiva para aumentar la competitividad y sustentabilidad de la economía chilena, a través de su aplicación en aquellas áreas relacionadas con recursos naturales que explota nuestro país, pero para ello es necesario maximizar sus beneficios controlando sus riesgos, a través de la aplicación de una regulación eficaz y transparente. Estas son las principales conclusiones del informe de la Comisión Nacional para el Desarrollo de la Biotecnología, presidida por Alvaro Díaz, subsecretario de Economía.

18 de agosto de 2003
Fuente: BioPlanet


No fue una tarea fácil, luego de cerca de 10 meses de trabajo, y con la participación de más de 200 personas entre las cuales se contaban científicos, asociaciones empresariales, ONGs, así como de representantes de organismos públicos como Conicyt, Corfo, Conama, y los ministerios de Salud, Agricultura y Relaciones Exteriores, la Comisión Nacional para el Desarrollo de la Biotecnología entregó su informe final, que apunta a una serie de objetivos fundamentales, y que reconoce en la disciplina una oportunidad de adquirir nuevas capacidades competitivas en todos los sectores que explotan recursos naturales, pero que además advierte sobre la necesidad de contar con un marco regulatorio bien definido, a fin de maximizar sus beneficios y disminuir los posibles riesgos asociados a su aplicación.

El presidente de la Comisión Nacional para el Desarrollo de la Biotecnología, Alvaro Díaz, es además subsecretario de Economía y desde marzo pasado el encargado de sacar adelante la agenda tecnológica del Gobierno, en el cargo de Coordinador de Tecnologías de Información. Pero el volumen de sus responsabilidades no ha sido un impedimento para que este economista de 52 años, se la haya jugado por la biotecnología y por buena parte de los procesos innovadores que ha experimentado el país en los últimos años. Baste decir que ya había encabezado la Comisión sobre Tecnologías de la Información entre 1994 y 1999, o que fue el director de la revista Correo de la Innovación, publicada por el Programa de Innovación Tecnológica del Ministerio de Economía.
Desde su posición en la subsecretaria de Economía coordina el Programa del Banco Interamericano de Desarrollo para la Promoción del Desarrollo Tecnológico, que dispone de recursos equivalentes a 200 millones de dólares hasta el año 2005, y que serán distribuidos entre el Ministerio de Agricultura, Corfo y Conicyt, y que ya han sido destinados a la creación del Programa Genoma Chile.

¿Desde cuándo la biotecnología es un tema fundamental para el Gobierno?

En 1997, a través de la división de desarrollo productivo del Ministerio de Economía (la que yo dirigía) y con el apoyo de la Corfo, comenzamos a realizar talleres de prospección tecnológica en el área de la biotecnología, donde participaban científicos y empresarios. La idea era explorar, junto a los directores de los fondos tecnológicos, las posibilidades de Chile de incorporarse al carro de esta nueva revolución tecnológica, intentos que luego fueron incorporados en el nuevo Programa de Innovación Tecnológica 2001-2005 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Este programa, que contempla la inversión de 200 millones de dólares, apunta al desarrollo de cinco áreas fundamentales: tecnología e información, biotecnología, mecánica, producción limpia y prospectiva tecnológica. Pero nos dimos cuenta que el tema no se trata solamente de innovación tecnológica, pues no sólo se debían financiar proyectos de investigación y desarrollo, donde se lograra resolver los problemas de coordinación entre la empresa y la universidad, sino también formación de recursos humanos.

¿Por qué el Gobierno apostó por crear la Comisión Presidencial de Biotecnología?

La economía chilena, al estar basada fundamentalmente en la exportación de recursos naturales, que tienen un mayor o menor grado de procesamiento, debe buscar la manera de adquirir nuevas ventajas competitivas, a través de la incorporación de ciencia y tecnología a los procesos productivos. Una de las maneras de lograrlo es a través del uso de la biotecnología, ya que es una de las pocas áreas donde Chile puede encontrar un nicho de desarrollo, creando mejores productos y procesos a escalas industriales en base a nuestros recursos. Sólo con la incorporación de procesos biotecnológicos en la gran minería del cobre, podríamos hacer biolixiviación a una escala que pocos países en el planeta pueden reflejar. La comisión tiene una gran tarea en lo que se refiere a establecer un marco regulatorio claro, transparente y coherente, tanto en lo ambiental, en lo agrícola y en riesgo sanitario. El presidente apoyó la iniciativa, lo que se tradujo en la formación de un grupo de amplia representación, donde hay académicos, científicos y representantes de diversas instituciones del Estado, para garantizar sus resultados.

¿Cómo fue el trabajo de la Comisión?, ¿Fue difícil consensuar resultados?

Sí, el documento contiene una gran parte de diagnóstico y por otro lado, una función de propósitos, principios y lineamientos de políticas. Las políticas apuntan a la formación de recursos humanos, vale decir, científicos, técnicos y profesionales de calidad mundial en la disciplina; en segundo lugar, el impulso a la investigación en esta área; y en tercero la creación de emprendimientos empresariales, y no sólo de entidades destinadas u orientadas específicamente a la biotecnología, sino también a la industria que puede demandar esos servicios, como el sector forestal, minero, etc. Luego nos abocamos a definir cual es el marco regulatorio que va a enmarcar su crecimiento, y, por último, nos interesa crear formas de participación nacional, a través de foros nacionales, donde analizaremos una gran cantidad de temas regulatorios muy importantes, que van desde la clonación para la reproducción humana hasta el etiquetado de alimentos transgénicos, pasando por la evaluación de riesgo ambiental, o los distintos enfoques que hay en los países del mundo en torno a biotecnología, esto a través de la creación de un Consejo Nacional de Biotecnología de amplia representación, donde exista todo el árbol de opiniones, de manera tal que se organice un debate sobre bases sólidas, con argumentos científicos, pero sobretodo con mucha participación y así obtener la maduración de un enfoque nacional para la aplicación de las ciencias de la vida

¿Es homologable la experiencia de encabezar la Comisión sobre Tecnologías de la Información con la de trabajar en la Comisión Presidencial de Biotecnología?

Desde el punto de vista de la articulación de distintos sectores para construir una visión estratégica es homologable. Cuando constituimos la Comisión Presidencial de Tecnologías de Información, hice un esfuerzo por juntar expertos, académicos, empresarios, gente del sector público, y creo que sacamos un muy buen informe. Ahora, los temas que se plantearon en tecnologías de la información pasaban por su masificación, la modernización del sector público, el desarrollo de una legislación, el uso de la agenda electrónica, y creo que siguen siendo, en gran medida, los grandes temas. En el caso de la biotecnología estamos hablando de desarrollar capacidad de investigación y desarrollo, de crear industrias que van a tener que trabajar estrechamente con la universidad, porque tiene muchos fundamentos científicos tecnológicos y, sobretodo, desarrollar marcos regulatorios consistentes, claros y transparentes. Este es el problema central de la biotecnología en Chile.

¿Cómo se va a modificar la postura del Gobierno?, porque hoy tenemos al Ministerio de Agricultura, a través del FIA, invirtiendo recursos financieros en desarrollar tecnologías transgénicas para generar productos alimenticios que el Ministerio de Salud no está aprobando.

Es que una cosa es investigación y otra el desarrollo. En ciencias de la vida estos ciclos son mucho mayores que en tecnologías de la información, pueden durar muchos años desde el momento en que se inicia el trabajo hasta el momento que se llega al mercado, y no sólo confronta los riesgos tecnológicos propios de su naturaleza, sino que también tiene que superar estándares regulatorios. En Chile no existen, ni de parte del Ministerio de Agricultura, ni del de Salud, ni de Conama, protocolos, procedimientos, ni mecanismos que establezcan la regulación de cómo se introducen los transgénicos. En el caso de la agricultura lo que está permitido es importar semillas transgénicas y reproducirlas para luego reexportarlas. En el caso del Ministerio de Salud no existe un protocolo específico de producción de alimentos genéticamente modificados. Por tanto, el problema que tenemos acá es desarrollar este marco regulatorio, y eso está considerado dentro de los objetivos del informe.

¿Pero existe acuerdo entre los distintos ministerios para crear ese marco regulador?

Existe un amplio grado de consenso. Nosotros hemos trabajado a lo largo de todos estos meses muy intensamente con los miembros de la Comisión y con las instituciones públicas en una aproximación sistemática a este tema, gracias a esto el debate ha madurado, y hemos podido acercar posiciones entre los ministerios. Para ello, debemos tener muy en cuenta el carácter social de estos servicios, el Ministerio de Salud, por un lado, tiene que aprobar alimentos de consumo humano que sean genéticamente modificados; el Ministerio de Agricultura tiene que velar por la producción agrícola y pecuaria nacional; la Comisión Nacional del Medio Ambiente (Conama) también tiene que ver con los temas de proyectos industriales, con todo lo que es bosque nativo; y la Subsecretería de Pesca tiene que ver con todo lo que es acuícola. Se trata de cuatro organismos que tienen por ley atribuciones fiscalizadoras y deben extenderlas a los organismos genéticamente modificados.

Estos cuatro organismos, en términos prácticos, están expuestos hoy día a paradojas éticas y prácticas que van contra su labor, debido a que ya están llegando a nuestro país productos elaborados en base a transgénicos. ¿Se ha planeado cómo se superarán estos problemas?

La Comisión trabajó en todas estas materias con mucha seriedad y mucho rigor, y en el informe con recomendaciones al Presidente (con excepción del caso de la clonación con fines de reproducción humana, que nos parece que debe ser prohibida en Chile) establece que en materia ambiental, sanitaria, agrícola y piscícola, la legislación vigente ya entrega un marco legal adecuado para establecer los procedimientos específicos y los protocolos de evaluación en cada una de estas áreas. En estos casos lo que corresponde es una evaluación evento a evento, que debe tener el máximo de fundamento científico y que opere con protocolos que deben ser muy transparentes para quienes quieran aprobar alimentos transgénicos. Para asegurar coherencia la Comisión se ha planteado la necesidad de un comité bioregulatorio en el área de biotecnología que sea responsable de fijar políticas públicas, coordinar a las agencias de gobierno y velar por la transparencia de los procedimientos regulatorios.

¿Qué va a hacer la Comisión en términos de mejorar la percepción pública de estos temas?

Alvaro Díaz

La Comisión es de una duración temporal y como tal dentro del informe general entregamos recomendaciones al Presidente, una estrategia con un conjunto de acciones que estamos sugiriendo, aproximadamente unas treinta iniciativas, donde lo que queremos destacar es que en materia de percepción pública, es muy importante contar con un foro de biotecnología, allí existirá un debate informado respecto a estos temas, pues en materia de organismos transgénicos existe incertidumbre por parte de la población. Hay un conjunto de interrogantes que no tienen respuestas concretas por parte de la ciencia, la investigación comparada está recién desarrollándose, y aún nos faltan las próximas dos a cinco décadas para que la humanidad domine de forma más integral la biotecnología y sus consecuencias. Entonces tiene que haber mucha participación, mucho debate, y para ello se requiere una maduración, que se logra debatiendo en muchas instancias, en el Congreso, en las regiones y en la industria.

Ciencia y tecnología

¿Los resultados obtenidos por la Comisión no les indican que de alguna manera sería mejor tomar todos los fondos existentes de ciencia y tecnología y derivarlos a un solo organismo que los administre?

Es necesario diferenciar el destino de los fondos, el Fondecyt financia la investigación básica y eso tiene una lógica propia, no está orientado a un objetivo productivo determinado, sino a una problemática específica, pero es esencial para los desarrollos de la ciencia aplicada y para la innovación tecnológica, entonces yo diría que independientemente que pueda ser perfeccionado, es necesario. Existen dos fondos que incluyen al Conicyt y Corfo, que hacen una labor muy similar, y que logran acercar la universidad a la empresa, entonces hay una convergencia, hay mucha coordinación entre ambas. En este momento creemos que hay que fortalecer las coordinaciones entre ambos, porque involucran 16 mil millones de pesos al año y eso es lo que ha permitido, por ejemplo, que hayamos financiado el consorcio empresarial de la minería del cobre, Biosigma, donde Codelco y otras empresas transnacionales han colocado recursos para la investigación y desarrollo de la minería del cobre.

Ahora, es distinto el caso del Fontec, pues se trata de recursos que están orientados esencialmente hacia la pequeña y mediana empresa innovador, ahí puede haber una empresa de biotecnología que presente un proyecto específico y que pueda ser financiada. Proyectos de 50 mil dólares hasta 100 mil dólares no son proyectos de gran envergadura, a diferencia de lo que pueden financiar el FDI y el Fondef, que son proyectos de millones de dólares durante varios años, se trata de escalas completamente diferentes.

Hay otro fondo que es el de la Fundación de Innovación Agraria (FIA), que es básicamente de transferencia de tecnología. Puede haber un nuevo producto en biotecnología o nuevas técnicas que afecten procesos productivos, pero aquí se trata de transferirlas a productores agrícolas. Entonces estamos hablando de recursos que cumplen una gama distinta de roles, hay de investigación básica, de investigación científica-tecnológica, y tanto para pequeñas como grandes empresas, lo que no justifica aunar su administración.

En algunos casos, se ha criticado a los distintos mecanismos de financiamiento porque han repetido beneficiarios, ¿cómo funciona esto?

Efectivamente existen eventuales situaciones de tal naturaleza, pero para evitarlo tenemos directorios cruzados, vale decir, que el director de un fondo es miembro del directorio de otro, esto genera una red, además que todos los proyectos están en internet, y cuando los evaluadores están trabajando buscan que este proyecto no esté presentado en otros fondos, para evitar la duplicación. Ahora, eso no lo impide completamente, sin embargo la repetición de beneficiarios no es un fenómeno para nada generalizado.
Cuando uno presenta un proyecto le piden adivinar un poco el futuro, pero si uno intenta mirar cuál es el rendimiento de las inversiones de los fondos concursables en términos de retornos medidos en números de empleos o en rentabilidad sobre el capital, se carece de esos datos y como es muy humano llenar la carencia de información con rumores, se dice en el ambiente que no son muy eficientes.

Hay diversas evaluaciones hechas sobre los fondos que son públicas y están disponibles. Hay evaluaciones realizadas mediante el acuerdo de la dirección de presupuesto o el Gobierno con el Congreso Nacional que ha evaluado al Fontec, al Fondef y al FDI, y en ellas se ha mostrado un desempeño muy adecuado de los fondos tecnológicos. Las evaluaciones realizadas por el BID respecto al desempeño de los fondos tecnológicos han sido muy adecuadas en retornos, y el valor social de estos proyectos es muy elevado. De todas maneras, sabemos que los fondos tecnológicos cuando financian proyectos de innovación enfrentan riesgos, que son naturales. Por eso existen los fondos, pues se trata de una actividad riesgosa.

¿Cómo está el nivel de inversión empresarial en investigación?

Chile no está bien situado en el gasto que hace en investigación y desarrollo, ni en patentamiento, eso es cierto. En estos momentos estamos haciendo una encuesta, que es casi un censo, sobre el gasto que se hace en Chile, y esperamos que los resultados nos indiquen cuál es el verdadero gasto que hacen las empresas, pero sabemos que no tienen departamentos de investigación y desarrollo y yo diría que no lo van a tener en la próxima década, porque lo que hacen es contratar servicios tecnológicos de las universidades. Entonces puede que no hagan investigación, pero sí hacen mucho desarrollo competitivo. Creo que el sector privado gasta más de lo que se cree, pero ciertamente se está por debajo de los niveles que Chile necesita.

La academia sigue estando distanciada de la empresa, y siempre nos quedamos cortos en la cantidad de recursos para hacer investigación. ¿Cómo van a mejorar esta situación?

En el caso de las universidades se debe incentivar a los académicos a pensar que su carrera no sólo debe estar determinada por la cantidad de papers que escriben, sino también por sus patentes, que deberían tener tanto valor como publicar. En segundo lugar, hay una masa de seis mil investigadores aproximadamente, de acuerdo a los datos que nos entrega Conicyt, y en este sentido lo que debiéramos hacer es no sólo tener doctores o postgrados, o postdoctorados en diversas áreas de la ciencia, sino hacer que ellos también tengan una formación de negocios, un diplomado, ojalá un MBA, porque tienen que ser capaces de negociar con las empresas el resultado de su trabajo. Otro camino es incentivar la constitución de consorcios por parte de las empresas, esto es más que crear muchos institutos de investigación (con lo que se corre el riesgo que hayan muchos y muy dispersos).

Yo prefiero que las empresas asociadamente organicen la demanda, y que hagan una licitación sectorial que contrata la mejor oferta de servicios que se presente. Ese modelo es interesante, porque cuando la empresa demanda e invierte tiene un mayor interés en que la investigación tenga resultados productivos y competitivos concretos, por ello tenemos que ver cómo incentivar al empresario a crear estos entes.

Iniciativas propuestas

Las treinta iniciativas de acción propuestas por la Comisión en su informe final están divididas en los siguientes ámbitos: fomento de la innovación empresarial, desarrollo de capacidades científico-tecnológicas, formación de recursos humanos, desarrollo de un marco regulatorio eficaz y participación pública y transparencia.

En lo referido al primer punto, se destacó como una importante debilidad la pobre vinculación de empresas con universidades y centros científico-tecnológicos, lo que podría verse superado a través de la formación de consorcios biotecnológicos de empresas exportadoras con participación de capitales extranjeros, que demanden servicios en investigación y desarrollo. También se consideró indispensable desarrollar el capital de riesgo, así como el capital semilla y las incubadoras. El informe considera que el Legislativo está llegando a un equilibrio adecuado en la Ley de Propiedad Industrial, pero también señaló que resulta urgente fortalecer las capacidades nacionales de patentamiento, tanto de empresas como de universidades.

En el ámbito de desarrollo de capacidades científico-tecnológicas, se plantea la necesidad de profundizar la investigación en biotecnología realizada en las universidades. Al respecto, propuso continuar adaptando el financiamiento público a las necesidades de infraestructura y características de proyectos biotecnológicos que exigen plazos y recursos superiores a la media, al tiempo que se desarrollan capacidades de patentamiento, gestión de negocios y vinculación con empresas.

Se destacó además la necesidad de destinar medios a la formación de recursos humanos de calidad mundial para trabajar en biotecnología.

La Comisión consideró que la biotecnología requiere de un marco regulatorio eficaz y coherente, aplicado por instituciones públicas confiables, basado en una ciudadanía bien informada y con oportunidades de participación. Sin embargo, la normativa vigente en Chile es todavía incompleta e insuficiente, situación que debe ser prontamente superada para así maximizar los beneficios de la biotecnología y asegurar una gestión adecuada de sus riesgos.

Respecto al uso de la biotecnología en seres humanos, la Comisión expresó su apoyo a la iniciativa parlamentaria que establece la necesidad de proteger la dignidad e identidad genética de las personas, prohibiendo la clonación humana y regulando la investigación científica en el ser humano.

Otro de los temas que ha llamado la atención del público ha sido el de los alimentos transgénicos, concordándose, basado en evidencia científica, que los OGMs no presentan mayores riesgos para salud humana que los alimentos convencionales, aun cuando es necesaria una evaluación previa de riesgos, para ello se recomendó establecer procedimientos de autorización de alimentos genéticamente modificados. Al mismo tiempo propuso el etiquetado de alimentos GM que no sean sustancialmente equivalentes a los alimentos convencionales, destacando las cualidades o características nutricionales diferenciadoras.

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