18 de agosto de 2003
Fuente: Diario FInanciero
La investigación señala que el 15,7% de la población activa es emprendedora. El punto culminante se produce entre los 25 y 34 años, grupo en el que está casi el 25% de los emprendedores. Se trata de jóvenes iniciados ya en la vida laboral y que han decidido lanzarse solos en las áreas que conocen.
Y no sólo seríamos emprendedores. Según el mismo estudio nos destacamos también por ser perseverantes, al menos en el área comercial, ya que un gran porcentaje de los que han cerrado una empresa vuelven a comenzar en otra actividad. Del total de la población activa encuestada, un 9% reconoce que ha discontinuado un negocio en los últimos 12 meses. No deja de ser una grata sorpresa, aunque difícil que eche por tierra el mito de que dejamos todo a medias, característica troncal de nuestra idiosincrasia nacional.
Pero es cierto que algo de esto se ha ido incubando en el inconsciente colectivo. Son cientos los que se aventuran en aguas desconocidas y piensan que han encontrado un nicho o posibilidades de negocios originales. Lo curioso es que estas virtudes no destacan en otras áreas. Cuántas veces nos hemos encontrado con un libro leído a medias, un curso de inglés en los primeros capítulos o incluso un propósito de enmienda que naufragó al tercer día. Jugamos a perdedor en muchas de nuestras empresas y partimos de la base de que no lograremos superar tal o cual obstáculo, tirando finalmente la toalla.
La perseverancia es el arte de la sana tozudez, tiene mucho de amor propio y justa consideración de las capacidades personales. Cedemos al engaño del éxito rápido o al menos seguro en el tiempo. Y así también nos decepcionamos con rapidez de un proyecto o persona. Craso error. Grandes aventuras han llegado a buen puerto tras decenas de fracasos. Leía por ahí que tras un pozo de petróleo hay más de doscientas perforaciones fallidas. Un signo de que la perseverancia es bastante más que un par de intentos al voleo.
"Con sacrificio puede ser que logres poco, pero sin sacrificio es seguro que no lograrás nada", leo de un autor anónimo. Charles Baudelaire, poeta francés, decía que una sucesión de pequeñas voluntades consigue un gran resultado. Lo comprobamos a diario, cuando nos proponemos cualquier objetivo en el tiempo. El problema entonces no radica en la escasez de las fuerza o de empeño, que tampoco falta. De hecho, para llegar a la meta de sus propósitos, la mayoría de los hombres es más capaz de un esfuerzo extraordinario que de una larga perseverancia.
La observación más simple nos confirma que la gota orada la piedra no por su fuerza, sino por su constancia. Sólo hay un modo seguro de dar una vez en el clavo, y es dar cientos en la herradura. Tal vez alguno tenga la suerte de dar en el clavo la primera vez, pero la mayoría tendrá que golpear varias veces. Y así en todos los campos, no sólo en las finanzas. De hecho, la experiencia muestra que una buena dosis de constancia hace mucho en campos tan diversos como el familiar, el afectivo o el de la amistad. Quizá porque somos más cerebro que una simple masa de músculos.
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