Portada¿A qué futuro queremos contribuir?Declaración de PrincipiosQuiénes somos
Recursos
Noticias
Papers
Conferencias
Talleres
Concursos
Seminarios
Congreso
Guias
Estudios
Ponencias
Buscador
Suscríbase al Boletín Informativo
Riesgo País
Innovación y desarrollo
Opinión de José Pablo Arellano; presidente de Fundación Chile

04 de agosto de 2003
Fuente: La Tercera

En la ultima década ha aumentado la importancia que se le concede a la innovación como fuente de desarrollo. El ritmo de crecimiento de un país está cada vez más estrechamente vinculado a su capacidad para introducir innovaciones, para desarrollar y/o adaptar nuevas tecnologías. Por esta razón, los países elaboran políticas para innovación y se ha acuñado el concepto de sistemas de innovación, sobre los cuales hay tres aspectos claves: sus recursos humanos, el esfuerzo que se dedica a investigación y desarrollo (I+D), y la forma en que éste se orienta.

El esfuerzo en I+D se mide a través de los recursos invertidos. En los países de la Oecd aumentó fuertemente esta inversión en los años '90, llegando al 2,4% del PIB el 2000. Esa inversión llega al 2,7% en EE.UU., en Corea al 2,7% y al 3% en Japón. Países como Suecia y Finlandia invierten más del 3,5% de su PIB en I+D, la Unión Europea se ha puesto como meta llegar al 3% el 2010, partiendo del 1,9% actual.

En Chile, a pesar de los aumentos de la última década, estamos invirtiendo sólo el 0,7% del PIB.

Pero, ciertamente, no sólo importa cuánto se invierte, sino en qué y quiénes lo hacen. En los países de la Oecd, el 64% del gasto en I+D es financiado por las empresas. El fuerte aumento de recursos de la última década ha sido realizado precisamente por éstas, las cuales aumentaron en 50% los recursos invertidos durante los '90, mientras el Estado sólo elevó sus inversiones en 8%.

En Chile ocurre lo contrario. El 16% de la inversión viene de las empresas. Es posible que este esfuerzo de I+D esté subestimado, pero aunque fuera el doble, todavía sería menos de la mitad de la significación que tiene esa inversión en la Oecd.

Si miramos la ubicación de los científicos se llega a la misma conclusión. Una alta proporción de ellos están en las empresas de los países de la Oecd. Chile es la excepción. Por ello es que una muy baja proporción del esfuerzo de I+D se traduce en patentes. Sólo registramos 0,4 patente por habitante por millón de dólares invertidos. En Nueva Zelandia, que no invierte demasiado más, este indicador es 2,8 y en Corea 5,7.

Esta baja participación de I+D en las empresas aleja nuestros esfuerzos de investigación de las necesidades del mundo productivo.

El otro aspecto de nuestra realidad que se sale de las prácticas entre los países que han logrado más éxito en la innovación es la concentración del esfuerzo en I+D en ciencia básica y la baja importancia del desarrollo tecnológico (sólo el 10%).

La investigación básica es importante, pero constituye sólo una parte de las necesidades del sistema de innovación. El modelo con el cual se pensaba la innovación era uno donde el nuevo conocimiento científico constituía el primer paso para la innovación. Al nuevo conocimiento científico seguía posteriormente la elaboración y desarrollo de un nuevo producto o proceso.

En los hechos, el proceso es más complejo y variado. La adaptación de productos y procesos en base a tecnologías ya conocidas y su aplicación puede ser más exitosa y rentable que innovaciones radicales. Las innovaciones más exitosas resultan del trabajo en equipo de científicos, ingenieros, especialistas en mercados, etc.

Nuestras deficiencias en capacidad de innovación bajan la posición relativa del país en los rankings internacionales de competitividad. Hay aspectos que favorecen a Chile en esta calificación, como la calidad de nuestras políticas macroeconómicas, la apertura al comercio internacional y la competencia en los mercados. Pero entre los factores que nos hacen perder competitividad está la debilidad de nuestro sistema de innovación. En esta dimensión Chile, está en el lugar 35 entre 70 países.

Tenemos que reorientar nuestros esfuerzos como país, poner un mayor énfasis en las necesidades de las empresas y los desafíos de los mercados. Nuestras universidades tienen que mirar hacia las necesidades de las empresas y las empresas ver en las universidades una fuente de recursos para ser más competitivas. No estamos solos en este diagnóstico. El ministro de Economía holandés se quejaba que mientras las 25 principales universidades norteamericanas habían registrado 1.600 patentes en los últimos cinco años, las holandesas sólo habían registrado 13. El informe de enero de este año del gobierno inglés sobre el futuro de su educación superior tiene un capítulo entero dedicado a la relación entre la universidad y la empresa, poniendo énfasis en que deben fortalecerse sus vínculos. El informe del gobierno británico celebra que en el último año se crearon, a partir de proyectos de investigación en sus universidades, 175 nuevas empresas (spinn-offs). La meta es elevar esa cantidad. Lo interesante es que se puede mejorar. Hace cinco años el número de spin-offs era '70.

Sala de Diálogo

>>

Portada¿A qué futuro queremos contribuir?Declaración de PrincipiosQuiénes somos
CEO: Clima de Emprendimiento Organizado

info@ceo.cl Santiago. Chile.

Sitio desarrollado con Newtenberg Engine