20 de mayo de 2003
Fuente: El Mercurio
Nuestro enemigo en el mar no es ni un país ni un gobierno. La guerra que Chile comienza este año es contra unos diminutos organismos especializados en producir unas potentes armas químicas.
Son microalgas que, contaminadas por bacterias, atacan a los moluscos bivalvos filtradores, como los choritos y las almejas.
A ellos no les hacen daño, pero sí a las personas que los consumen.
Son las causantes de la marea roja - dinoflagelados y diatomeas- , que en 33 años ya ha matado a 26 personas y ha causado importantes pérdidas en la acuicultura.
La Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt) y el Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondef) entregará a cinco equipos de investigadores $720 millones.
Integran el primer escuadrón del Programa marea roja, cuyo blanco es conocer más el problema y desarrollar armas para atacarlo.
Los frentes de batalla son variados.
Para saber si los moluscos están contaminados, se deben hacer exámenes. Sólo el laboratorio de toxinas marinas de la Universidad de Chile, en Castro - que dirige Benjamín Suárez- , procesa entre 40 y 50 muestras al día.
Demasiados datos que deben manejar muy pocas personas del Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca).
Y eso que sólo tres toxinas afectan el país: el Veneno Paralizante de Moluscos (VPM), el Veneno Diarreico de Moluscos (VDM) y el Veneno Amnésico de Moluscos (VAM).
El proyecto del doctor Suárez creará un mapa digital de Chile. Vivo. Porque procesará en pocas horas toda la información que proviene de 150 puntos del litoral.
Los informes provendrán del Programa de Sanidad de Moluscos Bivalvos del Sernapesca. Con el mapa, las autoridades podrán tomar rápidas decisiones y, por ejemplo, instalar una veda antes de que muera gente, o levantar prohibiciones porque el peligro ha desaparecido.
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El doctor Daniel Varela (40), biologo de la Universidad de Los Lagos desarrolla una alarma, un metodo de detección temprana de uno de los principales culpables de la marea roja en Chile: el dinoflagelado Alexandrium Catenella. Apoya la Universidad Austra; presupeusto: $ 160 millones.
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Un punto rojo, dirá por ejemplo, que en cierta zona de Chiloé se prohíbe extraer moluscos. Otro amarillo o café, avisará que los niveles de toxinas aumentan peligrosamente. El verde, dará libertad total.
La idea no es nueva, Galicia (España), EE.UU. e Irlanda (www. fsai.ie/sfma/default.asp) ya la implementaron.
Suárez considera que es fundamental educar a la población para evitar intoxicaciones e, incluso, muertes. Por eso, el 31% de los $164 millones que recibirá estará dedicado, entre otras cosas, a formar centinelas ambientales.
La marea roja obliga a establecer vedas. La de Chiloé del año pasado duró, en promedio, 80 días. Un gran problema: en esta región se extrae el 70% de los mariscos que se exportan y que aportan al país más de US $80 millones. Más de 40 días de esta veda sirvieron para que los mariscos bajaran sus niveles de toxinas naturalmente.
Sin embargo, los científicos creen que la cocción industrial para hacer conservas acelera este proceso de detoxificación. Más aún, homogeneiza los niveles: tanto los mariscos contaminados como aquellos libres de toxina quedan con bajos niveles, inocuos para las personas.
Suárez espera ansioso ratificar esta información. Si es así, permitiría reducir a la mitad las vedas. Y los mariscos infectados, en vez de ser eliminados, podrían servir para conservas. Este segundo proyecto cuenta con $160 millones fuera del programa marea roja.
La más villana de todas las microalgas es el dinoflagelado Alexandrium catenella. Produce el 90% de los Florecimientos Algales Nocivos (FAN) o casos de marea roja y genera la toxina más peligrosa: el veneno paralizante (VPM).
Pablo Valenzuela, director de la Fundación Ciencia para la Vida, penetrará el genoma de la A. Catenella.
Son muy pocos los estudios acerca de la fisiología y biología molecular de los dinoflagelados. En especial, no hay estudios genómicos, explica Valenzuela.
Para él, resulta crucial conocer los genes que gobiernan, entre otras cosas, la formación de quistes - el estado durmiente de la marea roja que se deposita en el lecho del mar- y la síntesis de toxinas.
Otro proyecto creará un sistema de alerta.
Porque, cuando la marea roja está atacando con todo es reconocible a ojo desnudo, tal como explica Daniel Varela, investigador de la Universidad de Los Lagos. La marea roja se ve, tiñe el mar.
Varela quiere diseñar un mecanismo que avise cuando los niveles de toxinas estén bajos, cuando aún no se produce el florecimiento de Alexandrium Catenella.
Un miticultor tiene la obligación de enviar sus choritos a laboratorios especializados para descartar que estén contaminados. En estos lugares, se les saca un extracto y se le inyecta a ratones. Si mueren, estaban infectados. A esta cruel prueba se le llama bioensayo.
Varela, como otros especialistas de otros laboratorios, busca crear tests que faciliten la labor de este miticultor en terreno. Éste incluso revelará si el nivel de toxinas de sus choritos es menor de lo que las normas de salud establecen.
Además, creará otro test para aplicar en el laboratorio.
¿Qué hace que las microalgas se pongan de acuerdo y generen los florecimientos masivos de la marea roja?, se pregunta el oceanógrafo químico de la Universidad de Concepción, Marcos Salamanca.
Él y su equipo estudiarán qué factores preceden a la marea roja.
Por ejemplo, se sabe que el fierro sirve de alimento para las microalgas. Si este elemento aumenta y si se dan las condiciones - como luz suficiente- puede que se genere un florecimiento masivo. Son los llamados precursores biogeoquímicos.
Además, Salamanca analizará los quistes que se depositan en el fondo del mar para saber desde cuándo existen las mareas rojas en Chile.
Los registros dicen que desde la década del 70, pero un plomo (Pb 210), que es radiactivo natural, permite ir más allá: fija edades de los sedimentos de hace 120 ó 130 años.
En resumen, se investigará el genoma de la A. catenella, se crearán tests para reconocerla, se verá qué elementos propician el desarrollo de la marea roja y se educará a la gente.
Jorge Osses, del Instituto de Fomento Pesquero, será el encargado de dar una visión a mayor escala. Estudiará los factores ambientales - viento, corrientes marinas, temperatura, salinidad y la lluvia- para estimar cómo influyen en la aparición de la marea.
Registrará las variables meteorológicas y oceanográficas de la X Región para apreciar cómo éstas crean un hábitat que afecta la distribución de los florecimientos algales nocivos.
Estos datos llegarán hasta un sistema de información computacional que creará el Gobierno Regional de la región de Los Lagos. La información pasará a una página web.
¿Son estos proyectos complementarios?
Los científicos piensan que sí. De hecho, Suárez cuenta que una estrategia del Fondef es invitar a los cinco directores a reunirse en talleres para que conozcan en qué están y para evitar que dupliquen el trabajo.
Hay que lograr una sinergia, sentencia Suárez. Y por el bien de todos.
Para mayor información:
www.fondef.cl/fondef/informativo/Acta_Marea_Roja.html
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