13 de mayo de 2003
Fuente: América Economía
Esta autoflagelación continental es una reacción normal al fracaso, pero ha durado demasiado tiempo y se ha convertido en un círculo paralizante. La experiencia de la industria de capital de riesgo en América Latina merece una relectura más favorable. No todas las inversiones de capital de riesgo han fracasado. Muchas han dado lugar a nuevos negocios, varios de ellos de exportación. En los últimos 15 años ha habido capitalistas de riesgo competentes, sobrios y bien orientados que han alcanzado un sólido desempeño en el largo plazo, pese a las turbulencias y shocks externos que tanto han afectado los retornos de todo tipo de inversiones en la región.
El fracaso es relativo. Demasiada gente esperaba que el capital de riesgo rindiera los altos retornos que alcanzó en Estados Unidos. En esa "tierra de las oportunidades" ha rendido retornos anuales de un 35% en períodos de cinco años y, a pesar de la desaceleración de los últimos tres años, el retorno promedio anual de los últimos 50 años ha sido de un 16%. En América Latina los retornos han sido muy bajos para compensar el riesgo y en algunos casos han sido negativos. Chile, que no ha tenido problemas políticos o financieros graves desde que el capital de riesgo llegó a la región a principios de los 90, indica qué tan desalentadores han sido estos resultados. Entre 1998 y 2001 el mayor retorno anual para el capital de riesgo en ese país fue de un 1,84%; el más bajo fue de un -3,38%, y el retorno promedio anual compuesto de un -1,37%.
La explicación para este patético desempeño, desde el punto de vista de los mercados de capitales de EE.UU., es más que obvia. Las grandes ganancias del capital de riesgo vienen de las bolsas, y en la mayoría de los países latinoamericanos el mercado para nuevas emisiones de acciones ha estado moribundo, cuando no totalmente muerto.
 | | Doctor en administración de empresas de la Universidad de Harvard, profesor de finanzas de Babson College,
en Boston, y autor de The Wealthy World.
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Tras algunos breves períodos de frenética actividad entre 1988 y 1994, las bolsas de la región han retrocedido hasta convertirse en irrelevantes. Durante ese período, ni una sola compañía en Chile que haya recibido capital de riesgo llegó a realizar una oferta inicial de acciones. La consecuencia de esta prolongada sequía es que el capital de riesgo en América Latina no ha recibido las grandes ganancias esperadas por las inversiones que realizaron. Las inversiones exitosas no rindieron ganancias suficientemente grandes como para compensar las pérdidas inevitables de esta industria. Nuevas empresas exitosas muchas veces son vendidas a grandes firmas establecidas, pero estas nuevas empresas no cuentan en América Latina con poder de negociación al no tener la oportunidad de ir a la bolsa. La consecuencia de esto es que los entrepreneurs exitosos en América Latina venden baratos sus negocios o se mantienen colgados a ellos para repagar lentamente el financiamiento que recibieron. Si pudieran vender antes obteniendo altos precios, los retornos serían mucho más altos y las carteras de inversiones se moverían más rápido, liberando capital para financiar nuevos proyectos, motivando a más gente a convertirse en entrepreneur y atrayendo más recursos para el capital de riesgo.
Los inversionistas están temerosos de comprar acciones de alto riesgo en América Latina. Inversiones que ofrecen recompensas distantes e inciertas tienen poco atractivo. Este hecho envía señales negativas que llegan a cada rincón de la región y marchitan los sueños de gente joven dispuesta a tomar grandes riesgos. Es hora que los países latinoamericanos resuciten y amparen estos sueños de innovación. Necesitarán superar el negativismo de los inversionistas y darles fuertes incentivos para comprar acciones de nuevas empresas que han recibido capital de riesgo. Incentivos fiscales bien acotados para inversionistas que compran acciones recién emitidas son una vía efectiva para relanzar las economías latinoamericanas. Estos incentivos tienen que ser lo suficientemente fuertes para hacer que los retornos finales de las nuevas emisiones de acciones atraigan dinero a este tipo de activos. También será necesario incentivar a los dirigentes de estas compañías de alto potencial para que emitan acciones, ya que muchos son escépticos respecto a las bolsas locales como posibles fuentes de financiamiento.
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