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Jóvenes cineastas en Chile
Luz, cámara... ¡Empresa!
El cine chileno es negocio: por película ha ganado hasta US$ 1,8 millón y los fondos concursables financian casi 60% de sus costos de producción.

6 de febrero de 2003
Fuente: El Mercurio
Por: Juan Andrés Larenas

De cada 10.000 ideas para una película, sólo 1.000 llegan a transformarse en proyectos, y de ellos sólo 100 se transforman en guiones. De esos libretos sólo 10 se ruedan efectivamente para ser filmes, y lamentablemente les va bien sólo a 2 ó 3. Pero el éxito de esas producciones es tal que es capaz de retroalimentar nuevamente todo el proceso.

Con esas palabras el director estadounidense Francis Ford Coppola inicia sus cátedras. Y son las mismas que cita el consultor y ex coordinador del programa de cine de la Corporación de Fomento (Corfo), Roberto Trejo, para ilustrar lo que está ocurriendo con la cinematografía en Chile: se está profesionalizando, sus producciones son cada vez más un tremendo negocio y su desarrollo está despertando el interés incluso de jóvenes ingenieros ajenos al clásico ambiente artístico.

Y es que las cifras hablan por sí solas. Si bien la banca privada aún no participa masivamente de la industria, los fondos públicos concursables pueden llegar a financiar casi 60% de los costos de un filme, lo que disminuye el riesgo de invertir.

A ello se suma la fuerte alza de los márgenes de ganancias. El Chacotero Sentimental, de Cristián Galaz (44 años), costó unos US$ 280.000 en producirse, pero desde su estreno ha generado más de US$ 1.800.000 en ventas de derechos y festivales

Lo mismo ha ocurrido con las dos producciones de Jorge Olguín (29 años). Con una inversión de $86 millones para Ángel Negro, Olguín ya ganó US$ 300.000. Sangre Eterna, su segundo filme, costó unos US$ 250.000, y la apuesta es llegar hasta los US$ 700.000 en ventas.

Y éxitos hay de todos los tamaños. En la Escuela de Cine, Antonino Ballestrazi (27 años) realizó Fragmentos Urbanos. Si bien su taquilla no fue de lo más auspiciosa (10 mil espectadores) hasta ahora ya ha ganado US$ 50 mil, y aún le quedan varias vías de comercialización. Todos se quejan de que no hay recursos para hacer cine, pero nadie alega que ha perdido plata, concluye Trejo.

Y la plata... ¿Dónde?

Éxitos hay, pero no son fáciles. Un filme es una empresa de alto riesgo, y requiere de una disciplina administrativa que no suele ser parte del ambiente distendido que rodea la creatividad de directores nacionales.

La primera etapa es la preinversión, en la que se elabora una idea, se decide un público objetivo y se comienza con la escritura del guión y del plan de negocios. Una producción profesional anticipa los ingresos para evaluar lo que puede gastar.

Para esta etapa, la principal fuente de financiamiento es la Corfo. Dentro del programa público de fomento al cine, la Corfo destina entre $200 y $250 millones al desarrollo de proyectos, los que han costeado unos 25 por año desde 1999.

Como requisito, Corfo exige que quienes presenten proyectos sean empresas con ventas anuales superiores a las 2.400 UF ($40 millones) y que no excedan las 100.000 UF ($1.660 millones), por lo que los realizadores jóvenes suelen acudir a productoras establecidas para que los patrocinen. Lo que pueden ganar es hasta el 70% del costo de la preinversión, con un máximo de 450 UF ($7,5 millones), y el compromiso es hacer la tarea en 6 meses.

Luego toca la producción de la película, que incluye la preproducción (definición de elenco, apoyo técnico, conformación de equipo de trabajo, etc), el rodaje o filmación, y la

posproducción, que incluye la edición de imagen y sonido. Para ello, el Fondart financia un promedio de 7 realizaciones al año y dispone entre $250 y $300 millones.

La tercera etapa es la de distribución y promoción, para la cual en la Corfo están evaluando una mayor potenciación del instrumento, según cuenta la subgerente de Fomento, María Angélica Ropert. Para optar, la Corfo exige la asociación de 5 empresas para la realización de un proyecto de fomento, que contempla la entrega de hasta 70% de los fondos que requiere, con un tope de 2.700 UF ($45 millones). El año pasado se destinaron unos $120 millones para 5 iniciativas.

Según Roberto Trejo, una película nacional cuenta con unos US$ 150 mil disponibles en fondos concursables. Ese es el primer apoyo para una industria que invierte entre US$ 250-300 mil.

A ello deben sumarse unos US$ 50 mil que pueden obtenerse a partir de canjes, ya sea para acceder a equipos o involucrar a actores en la producción, y que se consiguen dando un porcentaje de las ventas de la película.

La tercera vía de financiamiento, la que aún está muy en pañales en Chile, es la incorporación de la banca privada o el aporte directo de empresas. Para ello, Jorge Olguín comenta que existen algunas estrategias claras: contar con un elenco de rostros televisivos sirve de puerta de entrada para hacer conocido a un director que no lo es.

Tener una película exitosa ya realizada también es un plus a la hora de negociar un aporte. A ello se suma que las empresas tienen posibilidad de descontar del pago de IVA su aporte, y pueden obtener publicidad por medio de herramientas como product placement, que es la incorporación del producto de una compañía en la trama de la historia. Es el caso de la aparición del portal Terra en Sangre Eterna, que permitió a la película contar con $15 millones extra de financiamiento.

Las ventas

El negocio de un cineasta no es hacer películas, sino venderlas. Actualmente, los ingresos por espectadores en salas de cine representan sólo 15% de los ingresos de un filme, el resto proviene de las diferentes ventanas posibles, como renta de videos o TV abierta. El éxito en la pantalla grande, eso sí, es crítico para definir cuánto ganará después.

45 días después del estreno, la siguiente ventana de distribución son las ediciones de líneas aéreas, cruceros y resort, cuya venta está concentrada mayoritariamente por la distribuidora estadounidense Infocus. A los 60 días le toca el turno al Pay Per View, y luego a los 90 días debiera haber llegado a los canales premium del cable, y de ahí entrar a la distribución en tiendas de arriendos de películas entre los 120 y 150 días después del estreno. La siguiente etapa es el cable básico, a los 180 días, y la última es la televisión abierta nacional, a la que debiera llegar a los 300 días desde el estreno.

Fuera de las ventanas, una segunda fuente de financiamiento es repetir las diferentes etapas en distintas regiones del mundo. Olguín, por ejemplo, a través de la distribuidora Troma, está a punto de estrenar sus dos películas en EE.UU. y Asia, con posibilidades de replicar los ingresos ya obtenidos en Hispanoamérica.

Suculentos festivales

Otra vía de financiamiento que fue explotada por Galaz y el Chacotero fueron los festivales. Si bien la mayoría de los realizadores nacionales buscan llenarse del prestigio de los grandes festivales europeos, Galaz obtuvo suculentos premios a partir de festivales de menor ruido en Estados Unidos, que contaban con contratos de exhibición en cadenas de televisión que llegaron a pagar hasta US$ 100 mil por los derechos. En un festival europeo, en cambio, el director debe costearse hasta sus propios pasajes.


Financiamiento

US$ 150 MIL dispone un filme chileno en fondos concursables, y cuesta entre US$ 250 y 300 mil.

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