Santiago, 13 de septiembre de 2002
Fuente: Qué Pasa
A fines de los noventa, el emprendimiento se puso de moda en Chile. Los emprendedores de entonces -también conocidos como entrepreneurs- probaron suerte en las empresas de la nueva economía, renunciando a sus trabajos a cambio de la promesa de internet. Sin embargo, el crash tecnológico, obligó a la gran mayoría a volver -con la cola entre las piernas- al sistema y dejar de lado su ilusión.
A pesar de esta mala experiencia y la actual coyuntura económica, todavía hay emprendedores que están dispuestos a dar la lucha. Incluso, en los últimos meses varios innovadores han seguido de cerca noticias respecto al interés que tendrían fondos de capital de riesgo extranjeros por explorar algunas áreas de negocio en Chile. Gracias a este espíritu, rubros como la biotecnología y el ecoturismo están dando buenos frutos a jóvenes empresarios.
Pero quienes han surgido no la tuvieron fácil. Sus historias están llenas de tropiezos y el principal activo que les ha llevado al éxito ha sido su persistencia. Emprender es una forma de ver la vida que está estrechamente vinculada a los sueños y al fracaso. "El 90% de los nuevos negocios falla en los primeros cinco años", señalaba hace casi un año el profesor de la Universidad Babson (EE.UU.), John Newman, durante su visita al país.
Considerado un "bicho raro", quien quiera ser empresario deberá afrontar una serie de barreras y prejuicios. La primera valla que deben saltar está en la idiosincrasia del chileno, que se caracteriza como una persona a la que le cuesta desenvolverse socialmente con personalidad. Se culpa al sistema educacional, que no favorece la diversidad. Al revés, hay una marcada tendencia a la estandarización, a tratar de parecerse a los demás, pensando, diciendo o haciendo en función de la mayoría.
Este rasgo -presente en colegios, universidades y empresas- marca al país, a su estado anímico y, especialmente, al sistema productivo. La estandarización es el enemigo número uno del espíritu emprendedor, pues empuja a las personas a "zonas de confianza" o ambientes en los que resulta más cómodo actuar como los demás, minimizando las diferencias y el riesgo que implica ser distinto y, por lo mismo, a salvo de un eventual fracaso. Desgraciadamente, "hacer una empresa, un producto o un servicio igualito a otro, pero más barato, no es emprendimiento", asegura Alicia Castillo, ejecutiva de la empresa Capital Semilla, una administradora de fondos de inversión de riesgo.
Como resultado del temor a la diferencia, hoy escasean personas que se atrevan a probar nuevos caminos, que se arriesguen en negocios distintos, que trabajen por crear nuevos espacios. En otras palabras, el emprendimiento pasa por un ciclo de baja, que naturalmente afecta a los que se han atrevido a dar la batalla.
"La falta de emprendimiento es un problema que afectará la tasa de crecimiento potencial en el futuro. Podrá andar cerca del 4% al año, bastante menos de lo que podríamos tener si hubiera una dinámica de innovación más activa", opina Eduardo Bitrán, director ejecutivo de Fundación Chile.
"En el boom de internet, las escuelas de Estados Unidos realizaban encuestas a sus alumnos de MBA y el 70% de los estudiantes decía estar interesado en formar su propia empresa. Cuando preguntas eso en Chile, el interés es mínimo y no supera el 10 %. La aspiración es hacer una carrera ejecutiva en una empresa grande", explica el abogado Felipe Cubillos, fundador de Senegocia.com y vicerrector general de la Universidad Diego Portales.
Los chilenos entran al mundo del emprendimiento en una etapa posterior a lo que podría ser un americano. Un estadounidense se debe autosustentar entre los 17 y 18 años. Adquiere una autonomía sobre su vida mucho antes, por lo tanto, si emprende a los 16 en un negocio menor, a los 22 años tiene una cierta experiencia empresarial mínima. "Acá recién a los 28 ó 30 años está entrando al mundo del emprendimiento, y por su edad, los riesgos asociados que tiene son mucho más altos", asegura Gonzalo Miranda, managing director de Endeavor.
Desgraciadamente, no existen cifras a nivel local que permitan cuantificar esa realidad. Recién el próximo año Chile será incluido en el GEM (Global Entrepreneuship Monitor) preparado por el Babson College de EE.UU. y la London Business School. Ese barómetro permitirá comparar el nivel de emprendimiento local con las economías vecinas y los altos estándares de Norteamérica y Europa.
Según Castillo, quien investiga el emprendimiento hace seis años, "los chilenos tienen como puntos positivos su anhelo de surgir, de trabajar y de hacer lo mejor que se pueda. Lo negativo es que hay poca creatividad y les falta seguridad en sí mismos".
Si bien el emprendimiento es escaso al interior de las aulas, hay quienes aseguran que en las empresas la realidad no varía. Para Emilio Deik, destacado emprendedor, "ante buenas oportunidades las empresas con espaldas financieras no aprovechan, porque sus ejecutivos tienen miedo a equivocarse".
Pero no todo es negro. "El clima para el emprendimiento ha mejorado sustancialmente y en los próximos años veremos el surgimiento de nuevas incubadoras, programas de apoyo y una creciente conciencia social acerca de la importancia de contar con jóvenes emprendedores que forjen el futuro del país", señala Alvaro Saieh, presidente del directorio de Endeavor Chile. Para el empresario José Luis del Río, es importante también rescatar la imagen del emprendedor como espejo para la sociedad. "Se necesita posicionar al emprendedor como un líder que todos quieren imitar, apoyar y dar a conocer", señala.
Pese a ser escaso, el emprendedor chileno es efectivo. "Por la suma de todos nuestros temores y restricciones, una vez que nos lanzamos lo hacemos bastante bien", explica Jossie Escárate, directora ejecutiva de la Corporación de Investigación Tecnológica de Chile (Intec).
Al analizar las trabas para el emprendimiento se termina desmitificando algunos temas. Uno de esos es el financiamiento (ver recuadro). "Fundación Chile y otras instituciones hemos hecho esfuerzos en crear fondos de capital de riesgo y hemos pasado varios años sin poder invertir todos los recursos, porque falta un flujo de proyectos innovadores", asegura Bitrán.
"No falta dinero ni ideas. Lo que realmente falta es la capacidad de aperrar y estar convencido de que la idea de uno es buena, sin perder las esperanzas, aunque tengas que caerte veinte veces. Eso es lo que falta", sentencia Deik.
Según los expertos, la sociedad chilena, castiga al que falla. "Lo primero que hace la gente cuando falla es echarle la culpa al del lado y esto ocurre porque el medio es reacio a aceptarlo", afirma Jorge Arancibia, empresario de internet. En Capital Semilla creen que el fracaso es una oportunidad de aprendizaje.
Es el caso de Iván Rodríguez. El año pasado obtuvo el premio al "emprendedor del año", de la Revista Informática (IDG). Cuando la burbuja de internet recién había reventado, junto a su socio Rodrigo González, lanzó el portal Chile.com. A dos años de su gestación, la empresa es una de las primeras de la industria en alcanzar el punto de equilibrio. En lo que va del 2002, Chile.com ha adquirido cuatro compañías y las ventas aumentan exponencialmente. Tanto así, que esta semana el empresario Sebastián Piñera decidió comprar un 12,5% de la firma.
Pero su éxito actual, en el pasado le fue esquivo. Como casi todos los emprendedores -según datos de Endeavor cada entrepreneur falla entre 2 a 3 veces antes de alcanzar el éxito-, el creador de Chile.com tuvo fracasos. Hubo tiempos en que Rodríguez las vio "negras". Conoció de cerca la angustia que producen las caídas, los nudos en el estómago y las noches en vela.
El primer fracaso lo vivió cuando tenía 25 años. El año 1985, levantó en Venezuela una compañía de insumos computacionales que bautizó como Tecnoline. Rápidamente se convirtió en la principal vendedora de retail de PC. Pero la falta de experiencia le quitó el negocio de las manos. El engaño y los robos de sus propios empleados le dejaron un lastre de deudas, que pusieron fin a Tecnoline. Mientras su competencia celebraba, él tomaba nota y planeaba su próximo emprendimiento.
Es que tolerar la frustración resulta un rasgo clave en un emprendedor. Según Deik, "se depende de un espíritu que hace levantarse temprano, no ponerse triste si después de visitar clientes todo el día todos dicen no, que tu producto es malo, que no va a funcionar".
Poco antes de cerrar Tecnoline, Rodríguez invirtió en un negocio diferente, el de los reguladores de voltaje. Trabajaba en su casa, pero luego pudo abrir una fábrica. La expansión fue rápida y de a poco pudo pagar las deudas de su primer intento.
A fines de los '90 volvió a Chile, donde incursionó en otros proyectos como Netline, una compañía proveedora de internet que entre 1998 y 1999 fue la tercera más importante del país y hoy se concentra en Chile.com.
Nacido de la crisis En octubre de 1997, en plena crisis asiática, Jorge Labra inauguró Ciudad Empresarial. Hoy, con 20 edificios construidos y una inversión de US$ 150 millones -para el 2003 se proyectan otros US$ 25 millones-, nadie cuestiona el "ojo" que tuvo. Eso sí, hubo momentos en que el mercado dudaba. ¿Cómo iba a resultar al lado de un cementerio y poblaciones marginales? "No dimensionaban el tamaño del proyecto ni su necesidad, como tampoco el potencial de la comuna... más calidad a mejor precio", recuerda Labra.
Pero también este empresario probó el sabor del fracaso. A comienzos de los '90, incursionó dos veces en el negocio tecnológico. Primero fue en un ágil y sencillo buscador de textos. Pese al esfuerzo, tanto en energía como en capital, el proyecto no fructificó. "Quizás estuvimos un poco adelantados", dice. Su otra iniciativa, una fábrica de discos duros en Santiago, que llegó a tener más de 400 empleados, corrió la misma suerte. Aquí la explicación de la clausura fue distinta. "Cerramos porque no conseguimos los apoyos requeridos de capital, ni el apoyo de las autoridades", afirma. Aduanas complicó las cosas y el ministro de Economía de la época, Alvaro García, nunca les dio la reunión que habían pedido, justifica Labra.
Pese a estas experiencias fallidas, Labra no las recuerda con rencor. Al contrario. "Siempre de los fracasos como de los sufrimientos se aprende mucho, me ha permitido conocer a gente y me ha servido en otras cosas de la vida y en el resto de los negocios", concluye.
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