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Investigación
Universidad Santa María busca mejorar la calidad de la uva de exportación
El Gobierno lanzó la primera Red de Genómica Vegetal del país, inserta en su Iniciativa Genoma Chile, que busca incorporar a Chile al desarrollo mundial en genómica, proteómica y bioinformática, y que se enmarca en el programa de Desarrollo e Innovación Tecnológica 2001 - 2004, financiado en parte por un préstamo del Banco Interamericano del Desarrollo.

Valparaíso, 31 de julio de 20002
Fuente: Mundoenlinea

Uno de los trabajos de investigación que se adjudicaron fondos del Estado e insertos en la Red Genómica Vegetal, es el encabezado por la Universidad Técnica Federico Santa María. Se trata de "Genómica Funcional en Vides", dirigido por el doctor en Biología Molecular Hugo Peña - Cortés, investigador del Centro de Biotecnología "Dr. Daniel Alkalay Lowitt" del plantel.

La investigación logró fondos por más de 973 millones de pesos de parte del Estado y $ 574.160.000 de todas las instituciones participantes (además de la Universidad Santa María, otras tres universidades del país, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, la Asociación de Exportadores de Chile, la Fundación para el Desarrollo Frutícola y la Fundación Chile).

Mejorando la calidad

Hugo Peña - Cortés, director de la iniciativa, afirma que "el objetivo de este proyecto es desarrollar conocimientos en relación a los genes que están involucrados en diferentes procesos metabólicos y del desarrollo de la vid, que nos permitan en un mediano plazo proporcionar soluciones a los problemas que afectan este cultivo. La investigación está abocada a desórdenes fisiológicos y a problemas patológicos específicos en la vid".

El investigador explica que "la uva de mesa, o sultanina, es muy apetecida porque no tiene semilla, a diferencia de la uva negra, y todos los mercados mundiales prefieren el fruto sin pepa. En el caso de la sultanina, durante la formación de la semilla ocurren procesos que impiden que ésta se desarrolle en una forma normal. Por otro lado, para fortalecer el impedimento de la formación de la semilla y una buena formación del fruto, se deben hacer tratamientos que implican la aplicación de ciertas sustancias que permitan en definitiva la formación de un fruto comercializable".

"En otros cultivares, la formación de la semilla, además, contribuye a la producción de ciertas sustancias que son requeridas en productos como el vino. A través de este proyecto, queremos determinar cuáles son los genes involucrados en la formación de la semilla y en el desarrollo y maduración del fruto. Para ello, vamos a estudiar la sultanina, que no tiene pepa, y la vamos a contrarrestar con una variedad semillada, como la carménère, que forma una pepa normal", agrega.

El investigador puntualiza que "estamos usando la uva carménère, que es una cepa emblemática para el país y en la que hemos detectado algunos problemas. Por ejemplo, tiene un problema de formación de semilla en algunas etapas; es usual que en algunos parrones la uva aborte tempranamente la formación de semilla, de tal manera que el racimo tiene frutos de distintos tamaños, lo que le baja notablemente la calidad. Y la carménère, según expertos, es una muy buena cepa que aún puede ser mejorada considerablemente. También se aborda en el proyecto la interacción de la vid con el hongo Botrytis, que genera grandes daños a la fruta de exportación".

Añade que "nuestra intención es entender, identificar y caracterizar claramente los genes y procesos que están involucrados en la formación de la semilla y en el proceso de maduración del fruto, de modo que podamos extrapolar estos conocimientos a otros cultivos de interés y exportables, que puedan entrar en nuevos mercados. Así, podremos generar otro tipo de productos comerciales interesantes. Este es un trabajo de largo aliento, pero esperamos dentro de los próximos tres años tener los conocimientos básicos que nos permitan trabajar en cosas mucho más aplicadas, para obtener resultados en el mediano plazo".

Pensando en el futuro

Hugo Peña-Cortés sostiene que "estos proyectos tienen una importancia estratégica para el país, y el conocimiento que se genere nos va a permitir desarrollar nuevas metodologías, y nuevos tipos de investigación y de trabajo, con un beneficio directo para el sector productivo".

A su juicio, "se requiere al mismo tiempo, formar personal idóneo para utilizar la información genética, preparando a profesionales para que sean capaces de trabajar a futuro. De otro modo, no tiene sentido realizar este tipo de proyectos y obtener conocimientos que después no se pueden ocupar".

Peña-Cortés puntualiza que "se debe desarrollar ciencia y tecnología en regiones, y la importancia de este proyecto es que es la primera iniciativa regional de esta magnitud. Por esta razón, a través de esta iniciativa, se dará mucha importancia a la formación de profesionales capaces de poder trabajar en bioinformática y genómica funcional. Para ello, estamos empeñados en invertir gran parte del presupuesto de nuestro proyecto para implementar las condiciones que nos permitan contar con el equipamiento necesario para desarrollar esta tecnología, inexistente actualmente en el país".

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