Seis de cada 10 gerentes y profesionales chilenos presentará, en promedio, algún grado de dificultad en la comprensión de los textos que se publican en estas páginas. Así de preocupantes resultan las conclusiones a las que arribaron académicos del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile, luego de estudiar la capacidad lectora de los ejecutivos nacionales y compararla con la de aquellas economías con las cuales Chile compite a nivel global.
La ventaja que se da en este sentido es considerable y acaba dejando su huella en los niveles de desarrollo que exhibe el país frente a otras naciones de similar nivel, como Nueva Zelandia, Corea del Sur o Finlandia. Sólo un 10% de los altos ejecutivos locales presenta estándares adecuados para enfrentar con éxito la actual sociedad de la información, mientras que en los países mencionados esa cifra se ubica entre 40% y 45%.
Según los expertos, esta compleja dificultad condiciona en gran medida el progreso económico y social del país: si personas que se suponen instruidas no pueden procesar textos simples, tal como plantea el test aludido, tampoco les será fácil analizar cabalmente un contrato o cerrar negocios en condiciones ventajosas.
El problema tiene ribetes complejos, tanto por su magnitud como por la forma de enfrentarlo. Cabe recordar que según la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (Oecd), el 50% de los chilenos, entre 16 y 65 años, no comprende los textos que lee. Por tanto, el asunto no se acota a uno u otro sector, sino que responde a una falencia más bien generalizada del país y que apunta a las escasas habilidades para "aprender" que obtienen los alumnos a nivel básico y medio. Luego, las universidades chilenas, pese al buen nivel que exhiben al compararlas internacionalmente, tampoco logran elevar ese imput que arrastran los estudiantes.
Cabe señalar que este problema no se relaciona directamente con la cantidad de profesionales y técnicos con que cuenta Chile, sino más bien con la "calidad" de los mismos. No es de extrañar, a la luz de este trabajo, que muchos profesionales chilenos destacados en áreas específicas hayan debido salir al exterior para obtener un grado de perfeccionamiento cada vez mayor.
Al ritmo en el que progresa el mundo, se estima que cada cinco años resulta indispensable "renovar" los conocimientos ya obtenidos. De no ser así, se agudiza la brecha para quienes se marginan de ese perfeccionamiento, los cuales corren el riesgo de convertirse en "analfabetos" modernos. ¿Cómo podrá el grueso de la población chilena insertarse en dicha dinámica sin contar con las herramientas básicas?
Algunas de las propuestas para revertir esta situación ya están en marcha y se espera arrojen frutos en las próximas décadas. Por ahora, comparar lo que sucede en Chile con naciones más desarrolladas es un buen primer paso. Obtenido un diagnóstico realista, corresponde ahora "nivelar" los puntos deficientes en aquella gente que ya está inserta en el mundo universitario o laboral. Y, al mismo tiempo, esperar que las futuras generaciones sean moldeadas bajo una óptica distinta.