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(La Segunda) |
Mensaje publicado en el diario La Segunda.
Por María Soledad Alvear Valenzuela, Canciller de Chile.
Uno de los logros concretos que ya podemos exhibir en el marco de nuestras negociaciones con la Unión Europea es un relevante Acuerdo de Ciencia y Tecnología.
Desde el inicio de las negociaciones, en el marco de la I Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea y América Latina y el Caribe, realizada en Río de Janeiro en junio de 1999, nos propusimos establecer una asociación de especial amplitud, sumando a las negociaciones comerciales, el establecimiento de un diálogo político y de cooperación. En este contexto, Chile acordó con la Comisión Europea un Acuerdo específico en Ciencia y Tecnología, que constituye sin duda alguna, un importante logro de nuestra diplomacia y un gran desafío para nuestro país.
Hemos señalado que Chile presenta un rezago en su capacidad de innovación, en el conocimiento científico y en las tecnologías avanzadas, con lo cual se corre el riesgo de no poder sustentar en el tiempo el desarrollo y la competitividad alcanzados hasta ahora. La inversión en Ciencia y Tecnología es apenas el 0.5 % del producto de nuestro país y se concentra fundamentalmente en Ciencia Básica y en Ciencia Aplicada, destinándose sólo un 5% a desarrollo tecnológico.
Es por ello que el Presidente Lagos ha señalado que "abrir las puertas al desarrollo significa la plena incorporación a la revolución tecnológica. Chile debe asumir la vanguardia entre los países que usan las tecnologías de la información". En esa dimensión, la capacidad de la innovación tecnológica adquiere entonces una influencia superior, especialmente en las pequeñas y medianas empresas.
En la mayoría de los países europeos se han adoptado medidas para estimular la innovación en estas empresas. Esta acción se justifica sobre la base de su potencial como fuente de innovación, de capacidad de generación de empleo, aumento de competitividad en mercados internacionales y medio para la regeneración industrial en zonas de menor desarrollo económico relativo. Varios de estos elementos los encontramos en nuestra realidad. De allí la necesidad de vincularnos estrechamente con la Unión Europea en esta visión.
Este continente ha desarrollado una exitosa política de investigación y desarrollo tecnológico, para lo cual se han concentrado los recursos en la ejecución de programas de investigación, de desarrollo tecnológico y de demostración, promoviendo la cooperación entre empresas, centros de investigación y universidades. El VI programa marco europeo de Ciencia y tecnología, prevé mas de 16 mil millones de euros para este fin, para los próximos cuatro años.
El acuerdo suscrito con Europa nos permitirá participar en algunos de los programa que son de particular interés para nuestras universidades y empresas.
Los temas que se podrán abordar son de un amplio espectro: genómica y biotecnología aplicadas a la salud, tecnologías para la sociedad de la información, nanotecnologías, materiales inteligentes y nuevos procedimientos de producción, seguridad alimentaria y riesgos para la salud y el desarrollo sostenible en relación a los acelerados cambios que vive el mundo.
Igualmente, se han creado nuevos instrumentos que permitan una ejecución más descentralizada, como es el caso de las redes de excelencia, entendidas como centros virtuales que integran de manera progresiva las capacidades de investigación de Europa, Chile y otros países asociados. Cada red tendrá por objetivo, el progreso de los conocimientos en un campo determinado, mediante el agrupamiento de una masa crítica de competencias.
La Cooperación Internacional, constituye una dimensión importante del Acuerdo. Las actividades correspondientes adoptarán diversas formas, como por ejemplo la apertura de las redes de excelencia y de los proyectos integrados a investigadores y entidades de terceros países. Asimismo se podrán realizar actividades de Cooperación (con financiamiento de la Comunidad para los países en desarrollo) en temas relacionados con salud en general y salud pública en particular, seguridad alimentaria y explotación racional de los recursos.
De tal forma, nuestras universidades y empresas podrán aprovechar el gran potencial que significan las redes científicas existentes en Europa y el conjunto de herramientas e instrumentos que han sido desarrollados.
Complementariamente, Europa esta implementando un programa piloto de becas para estudiantes y profesionales de América latina, dotado de 40 millones de Euros, para permitir a los jóvenes hacer estudios de postgrado en universidades europeas. Sabemos que no basta contar con el financiamiento para el desarrollo de proyectos, sino que se necesita tener la capacidad para participar e integrarse en un espacio de investigación con las instituciones europeas.
Estamos seguros de que este acuerdo alcanzado, constituye un excelente instrumento que ofrece interesantes oportunidades tanto al mundo científico y tecnológico, como al sector empresarial.
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