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Espacio el país eleva la mirada:
Chile, tenemos un problema
¿Un chileno allá arriba dando vueltas a la Tierra llegando tan alto como nunca antes lo estuvo un compatriota? La posibilidad está casi concretada para que Klaus von Storch, un oficial de la Fuerza Aérea de Chile con pinta, apellido y estirpe foráneo, se suba a un cohete ruso a comienzos del próximo año y parta a rasguñar las estrellas.

Santiago, 30 de junio de 2002
Por Rodrigo Barría periodista de El Mercurio

La aventura espacial del primer astronauta criollo apenas será el resorte comunicacional de un esfuerzo científico mucho más amplio que implica transformar a Chile de un simple y retrasado consumidor de productos espaciales a un partícipe activo del dinámico y atractivo mercado internacional que ofrece el aprovechamiento mercantil del cosmos.

Chile eleva la mirada al espacio

Cuando esa pequeña caja llamada Fasat-Alfa despegó adherida a un cohete ucraniano a fines de agosto de 1995 las celebraciones en tierra prometían el inicio de un futuro esplendor en materia espacial chilena.

(Nasa)

Pero el primer satélite criollo no quiso despegarse de su nave madre y ahí quedaron perdidas también, dando vueltas alrededor del planeta a unos 600 kilómetros de altura, las intenciones de aprovechar la información de la primera máquina desarrollada por chilenos que había enfilado al espacio.

Irónicamente, se había contribuido con la primera chatarra espacial chilena, pero la capacidad de aprendizaje que había cundido en el proceso de desarrollo y construcción del pequeño aparato sirvió para potenciar el afán chileno para encumbrar el vuelo en materia espacial.

El Fasat-Bravo, lanzado en julio del año '98, sí pudo despedirse de su nave madre y finalmente se encargó de dar cerca de 13.000 órbitas alrededor de la Tierra antes de que se agotaran sus baterías de transmisión de datos.

Los esfuerzos de décadas de investigación - y que estaban concentrados básicamente en la observación telescópica desde los cielos azulados del norte chileno- ahora se convertían en el primer paso concreto espacial.

El sendero de las alturas, en todo caso, ya había sido señalado desde que en 1959 los Estados Unidos decidió colocar en Peldehue una estación de rastreo, luego en 1980 se estableció el primer "Comité de Asuntos Espaciales" (CAE) y, a comienzos de los '90, aparecieron los proyectos satelitales de la Academia Politécnica ("Cóndor-Sat") y de la Federación de Radioaficionados de Chile ("César I").

La función específica del CAE en sus inicios fue la de redactar un proyecto que definiera una política espacial para el país y promover la creación definitiva de una Agencia Chilena del Espacio.

En esa misma época, la FACh comenzaba a centrar parte importante de su inquietud científica en la idea de desarrollar un microsatélite cuyo control de mando e información fueran exclusivos para el país.

Lo que originalmente se denominó proyecto "Cóndor-Sat" luego fue rebautizado por la institución como "Fasat" (Satélites de la Fuerza Aérea).

Las ventajas y dudas de una Agencia Espacial Chilena

Pese al fracaso relativo del primer satélite Fasat-Alfa - que no pudo separarse, pero que dejó una apreciable experiencia para los ingenieros chilenos- y al buen desempeño del segundo cuerpo Fasat-Bravo, en el país aún estaba pendiente la conformación de una institucionalidad espacial.

El paso más significativo fue el decreto de julio del año 2001 en que La Moneda decidió dar cuerpo a una comisión asesora presidencial - denominada "Agencia Chilena del Espacio"- , la cual tiene por misión no sólo orientar al Gobierno en todos los asuntos del universo, sino que definir una política que sirva de marco para las aspiraciones de Chile allá arriba.

Presidida por el subsecretario de Aviación, Nelson Hadad, el organismo que funciona en el piso 19 del Diego Portales tiene en la actualidad una orgánica escuálida compuesta por cuatro funcionarios que tienen en caja un presupuesto de 18 millones de pesos.

¿Esa es la expresión concreta de lo que significa en Chile esta renovada preocupación por los temas espaciales?

El tema es complicado cuando se observa que países como Argentina entregan 70 millones de dólares a su agencia espacial o que Brasil asigna cerca de 120 millones de dólares a su institución.

"Efectivamente nuestro presupuesto y personal son cifras irrisorias. Pero es claro que, desde que el Gobierno ha señalado la importancia de las reformas tecnológicas para el desarrollo del país, la agencia irá creciendo", aclara el subsecretario Hadad.

¿Para qué embarcar a Chile en cuestiones en las que otros países llevan una delantera que nunca se podrá alcanzar? ¿Por qué no mejor limitarse a comprar lo más barato posible servicios espaciales?

"Ahí está precisamente uno de nuestros principales desafíos: hacer ver a la población que un país más cercano al espacio puede generar enormes progresos en variadas áreas de su producción nacional. Se trata de que la vida común de las personas mejorará si nos esforzamos en materia espacial", expone el ex Comandante en Jefe de la FACh y actual senador, Ramón Vega.

En la actualidad, el desarrollo productivo de Chile exige que cada año instituciones públicas y privadas desembolsen cerca de 500 millones de dólares en la adquisición de servicios satelitales y productos espaciales varios.

El problema es que buena parte de estas compras - hay que considerar que una imagen de satélite cuesta unos mil dólares- se efectúan con ineficiencia ya que la falta de un organismo que centralice el tema espacial hace que, usualmente, una misma toma satelital sea adquirida varias veces por diferentes instituciones nacionales.

Agricultura, pesca, minería, impuestos internos, vivienda y Onemi, entre otras, son apenas algunas de las áreas interesadas en contar con información espacial para mejorar su gestión.

De hecho, las intendencias ya han comenzado a consultar la posibilidad de que la Agencia Chilena del Espacio efectúe catastros regionales que les permitan conocer los recursos de que disponen y la mejor manera de utilizarlos.

En todo caso, también existen reservas en cuanto a la utilidad práctica que efectivamente la Agencia Espacial Chilena puede generar.

"Nuestras ventajas comparativas se centran en los observatorios del norte chileno. Ahí está nuestro potencial en materia espacial. Quizás algunas asociaciones con agencias espaciales internacionales permitirían mejor acceso a información satelital, pero diría que se trata de ventajas más bien indirectas", aclara Leopoldo Infante, director del Departamento de Astronomía y Astrofísica de la Universidad Católica.

Los objetivos de Chile en el espacio

Gracias a la creación de la Agencia Chilena del Espacio el país podrá asociarse con distintos organismos internacionales a fin de lograr alianzas que le permitan acceder a los beneficios de transferencia tecnológica y de fondos de inversión que no podría captar sin la existencia de un ente oficial estatal dedicado a los asuntos del cielo.

En este sentido, la estabilidad política y económica de Chile ha hecho que distintas agencias espaciales se hayan acercado para que nuestro país proceda a formalizar acuerdos de cooperación.

El interés se explica porque en la competencia que estos entes mantienen en el mercado sería un logro exhibir el hecho de que Chile los prefiera.

En definitiva se trata de una opción político-estratégica que determinará con quién nos embarcaremos en materia espacial en las próximas décadas.

Acuerdos con Francia, Ucrania, China, Canadá, Italia, India, Israel y Brasil ya han sido formalizados. Sin embargo, el mayor acercamiento se ha producido con los rusos.

De hecho, esta semana parte a Moscú una delegación de la Agencia Espacial Chilena. Va a reunirse con las autoridades del organismo espacial ruso a fin de concretar los detalles de una alianza de largo plazo.

"Los rusos tienen serias complicaciones económicas en sus programas espaciales y por eso es que asociarse con los chilenos sería un éxito para ellos. En todo caso, se trata de una buena elección, ya que ellos poseen tecnología y experiencia de sobra en materia espacial", explica Jorge Ianiszewski, investigador y creador de la página www.circuloastronomico.cl .

Los temores que puede generar esta preferencia por los rusos queda aclarada por el general Máximo Venegas, director del Centro de Estudios Aeronáuticos y del Espacio: "No se trata de compromiso cerrado. Puede que en materia de lanzamientos los prefiramos a ellos, pero en otras áreas perfectamente podemos elegir al organismo que nos entregue mejores ventajas y mayores garantías".

En el viaje de la delegación chilena a Moscú se procederá a definir los términos logísticos y financieros que permitirán al comandante Klaus von Storch instalarse en una nave espacial rusa de lanzamiento a comienzos del próximo año y ser llevado a la Estación Espacial Internacional.

¿Beneficio efectivo o efecto publicitario el viaje del que será el primer astronauta chileno en órbita?

"Puede que sea un elemento publicitario, pero la concreción de ese viaje de un chileno generará un interés enorme en distintos temas espaciales. Muchos de nuestros alumnos centran su atención en la vida espacial, por lo que un viaje estelar será un evento motivador para muchos jóvenes", dice Leopoldo Infante. Se tratará de un "efecto de conciencia espacial" en la ciudadanía.

La población se sorprenderá y el oficial se convertirá en una pequeña luminaria. Pero las consecuencias más evidentes del viaje de Klaus von Storch se dejarán sentir en suelo firme.

En todo caso, existe coincidencia en que el país debe concentrarse en aspirar a mayores grados de autonomía en la información satelital, pero que para las labores mayores - como lanzamientos o equipamiento para sus aparatos satelitales- se deberá seguir optando por la externalización de los servicios.

"No debemos estar a la vanguardia, pero sí aspirar al desarrollo de satélites y estaciones terrestres. Ese debe ser nuestro gran objetivo", explica el general Venegas.

Mientras tanto, para fines de este año ya debiera estar definida la política espacial chilena para las próximas décadas.

Y de ahí a rogar para que el lanzamiento del país al cosmos sea sin novedad.

Vida Diaria

La jornada espacial del chileno

El viaje del oficial Klaus von Storch al espacio no será el primero que efectúe un latinoamericano al firmamento.

El primero fue el astronauta cubano Arnaldo Tamayo, quien viajó a la entonces estación soviética Salyut-6 en septiembre del año '80.

También están el costarricense Franklin Chang-Díaz - que ya lleva media docena de viajes fuera de la Tierra- y los astronautas de origen mexicano, Ellen Ochoa, y el de origen peruano, Carlos Noriega.

Como sea, el periplo espacial del oficial chileno será un acontecimiento para el país.

Arriba, Von Storch deberá acomodarse a una serie de ritos espaciales:

Ejercicio: en órbita, la cabeza y columna del astronauta chileno se curvarán, los brazos se extenderán y las piernas se encogerán. Debido a la pérdida de masa muscular que sufrirá en el espacio, Von Storch deberá efectuar unas dos horas diarias de ejercicios.

Alimentación: no se cocina en la estación espacial. Todos los alimentos - deshidratados- son llevados desde la Tierra. En promedio, en comer y labores de higiene personal, el chileno tardará unas cuatro horas.

Investigación: los trabajos científicos ocupan buena parte del tiempo. Casi siempre estas investigaciones se realizan de a dos, por lo que Von Storch deberá contar con la ayuda de otro investigador en sus labores.

Sueño: está considerado que Klaus von Storch duerma unas ocho horas. Para ello, deberá meterse en sacos especiales para sostener un cuerpo que flota en el espacio.

Reciclaje: el carbono, la sal, heces y orina serán traídas de vuelta a la Tierra.

Lamentablemente, y pese a los intentos de contacto con el oficial, la renovada y ahora manejada agenda comunicacional de Klaus von Storch sólo le permite hablar de los experimentos que desarrollará en el espacio y excusarse de entregar cualquier otro antecedente del viaje que llevará a cabo.

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